lunes, 10 de octubre de 2016

Club del Pentagrama. Las Máscaras XVIII

Y enfilamos la recta final de una de las campañas más aclamadas de los juegos de rol. El presumible capítulo final y sus ramificaciones se abren ante los investigadores que, tras arduos viajes y peripecias, han acabado llegando hasta la exótica China, el lugar donde esperan desvelar los últimos misterios que los conduzcan al fondo de toda esta conjura.


Como siempre, recordar que esta entrada contiene SPOILERS de la aventura. Futuros investigadores, si leéis esto puede que estéis estropeando vuestra propia diversión. El que avisa, no es traidor.


Pues sí, los investigadores al fin llegaron a China. Concretamente, la caja de cerillas recogida en Nueva York tenía impreso un lugar, el bar El Tigre Tambaleante, y las notas de Elias sugerían que un miembro de la expedición Carlyle podía estar vivo en la zona, el mejor amigo del propio Carlyle, Jack Brady. Después de haber descubierto que varios de los que componían la expedición no estaban muertos como decían los periódicos, era más que posible que aquellas pistas escondieran una verdad real.

A sabiendas de que los actos cometidos no han podido pasar desapercibidos, o no lo harán eternamente, los investigadores buscaron habitación en un hotel de la zona occidental de la ciudad y de ahí se dispusieron a acudir al lugar. Sin embargo, el dueño del bar no pudo serles de ninguna ayuda. Aunque era verdad que conocía a Brady (confesó que le había ayudado un día que tuvo problemas con unos tipos), no sabía dónde encontrarlo o ponerse en contacto con él, incluso dudaba que estuviera todavía en la ciudad. 

Por otro lado, tenían la pista de un lugar, Importaciones Ho Fong, propiedad de uno de los hombres más ricos de la ciudad, cuya sede estaba en unas grandes naves junto al puerto fluvial de la ciudad. Este gran edificio, en el que se encuentra tanto el almacén como las oficinas de la compañía, no parece esconder nada fuera de lo normal a simple vista. Una incursión de los investigadores haciéndose pasar por clientes no reveló nada fuera de lo normal. También saben que tiene guardia durante la noche, algo no tan descabellado teniendo en cuenta la pobreza de la ciudad y las posibilidades de que alguien intente robar.

Al encontrarse en punto muerto, los investigadores decidieron probar suerte en Hong Kong, donde Elias decía que se había reunido con Brady en una cafetería. Una parte del grupo se desplazó hasta allí y, tras unos días de peripecias, consiguieron descubrir la zona donde había sido la reunión: una de las zonas modernas de la ciudad, donde había bastantes edificios nuevos y estaba la parte institucional de la ciudad. Tras recorrer los cafés, encontraron más información. Al parecer las visitas de Brady no eran regulares y parecía algo deprimido cuando le veían por allí. Tras atar algunos cabos, dedujeron que sus visitas debían ser a la institución médica del lugar, una casa de reposo de aspecto pulcro y caro. No consiguieron la colaboración del personal médico de la institución, dado que no tenían credenciales ni nada que pudiera indicar que tenían intereses legítimos en algún enfermo de los allí custodiados. Sin embargo, un movimiento inteligente les puso sobre la pista de quién podía ser el interno: Roger Carlyle. Lo poco que pudieron averiguar sobre él era que estaba completamente loco y apenas era capaz de decir alguna que otra incoherencia. 

Como forma de congraciarse con la hermana de Carlyle, le enviaron un telegrama y regresaron a Shangai, donde al parecer había ocurrido algo. Una vez allí, se encontraron con que al parecer se habían visto movimientos sospechosos en torno al hotel y una invitación del propio Ho Fong a una fiesta privada exclusiva, a las que tan sólo personas selectas y de alto nivel social eran invitados. No todos los miembros del grupo estaban conformes con acudir y al final decidieron dividirse de nuevo: una parte asistiría a la reunión y otra, concretamente dos de ellos, marcharían a Hong Kong con la idea de sacar de su encierro a Roger Carlyle.


La recepción tuvo lugar en la mansión de Ho Fong, situada en la linde de la zona extranjera de la ciudad. En medio de la opulencia general del lugar, las obras de arte expuestas dejaban clara la riqueza del propietario. Entre las personalidades allí reunidas, los investigadores tuvieron ocasión de hablar con el propio señor Fong, quien les agradeció su presencia, Mu Hsien, erudito reputado y trabajador del museo de Shanghái y un caballero misterioso occidental que habló con el arqueólogo alemán y se presentó como el señor Stanford. Este último personaje hizo una propuesta a su homólogo alemán: ambos buscaban a Brady según sabía Stanford y, aunque no le interesaban los motivos por los que ellos querían encontrarlo, él quería recuperar unos textos antiguos que Brady había robado a su propietario y que él estaba a punto de comprar antes del suceso. De hecho, por aquel motivo se encontraba en Shanghái.

Mientras aquella charla tenía lugar, tuvieron lugar dos hechos: uno de los integrantes del grupo sufrió un desmayo, quién sabe si producido por el calor húmedo del lugar o por alguna causa física, y fue trasladado a un diván en otra habitación para recibir las necesarias atenciones para su recuperación... y otro de los investigadores se sintió intrigado por una dama oriental que parecía llamarle desde un extremo de la habitación. Cuando llegó a su altura, ésta se alejó por una de las puertas invitándola a seguirla y él lo hizo sin más.


Y así, con una parte del grupo dirigiéndose a Hong Kong con intención de sacar a Carlyle de la residencia donde se encuentra, una extraña propuesta y dos sucesos enigmáticos concluyó la sesión. Lo que deparará todo esto todavía no está escrito. ¿Quién sabe lo que el destino tiene reservado para todos los intrépidos investigadores?

Continuará...

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