jueves, 28 de julio de 2016

Lemaitre y la saga Verhoeven, la oscuridad de la novela negra

Aunque guardada dentro de la etiqueta narrativa intriga en mi blog, Pierre Lemaitre se ha convertido en un gran exponente de la novela negra europea y posiblemente a mayor nivel. Si no fuera suficiente con las historias Vestido de Novia (2009) y Nos vemos allá arriba (2013), Lemaitre ha reunido un grupo de cuatro historias que tienen un único punto en común: un comandante de la brigada criminal de la policía francesa llamado Camille Verhoeven. Su vida, sus logros y sus fracasos están inextricablemente unidos con esta saga que repaso en esta última entrada del veraniego mes de julio.

La tetralogía sobre este curioso personaje, recientemente completada con la última novela publicada del autor en castellano, Camille, consta de Irene, Alex, Rosy & John y Camille. Es curioso que se haya optado por nombres de personaje para todas las novelas y las portadas mantienen como ilustración imágenes con esa tónica. Todas han sido editadas por Alfaguara dentro de su Serie Negra en formato rústica.



A lo largo de las diferentes novelas, se van desgranando una serie de casos de diferente catadura que van a tener en vilo a la sociedad parisina actual. A la par, también se desarrolla la vida de aquéllos implicados en los casos, que tiene como principal protagonista a un policía bajito y de fuerte carácter llamado Camille Verhoeven (sí, un apellido en principio poco francés), así como a su equipo en el que destaca claramente Louis, su ayudante.


Sin ánimo de hacer mucho spoiler, comentaré brevemente que en el primer libro, que lamentablemente fue publicado después del segundo con lo que mucha gente sí vio revelado su final sin haberlo leído, trata de un asesino en serie cuyos "trabajos" tratan de representar escenas de libros policíacos con la mayor perfección posible. De ser un caso complicado, se convierte en algo personal cuando Camille se implica de forma muy directa en el asunto al intercambiar mensajes con el asesino, lo cual desencadena una serie de acontecimientos que le harán sufrir la peor desgracia que nadie podría imaginarse.


Alex supone la vuelta a la normalidad del comandante Verhoeven tras los sucesos acaecidos en Irene, en concreto dos años después. Este caso de desaparición de una desconocida que al final se ve enredado con una serie de asesinatos servirá de catarsis para que el pequeño protagonista vaya regresando poco a poco a su antiguo ser y la historia tiene un final, cuanto menos, sorprendente.


Rosy & John fue publicada como novela por entregas y posteriormente recopilada. Es, con mucho, la más corta de la saga, no llega a las 200 páginas. En ella el comandante debe detener la amenaza que supone un joven terrorista que afirma haber situado varios artefactos explosivos por toda la ciudad... y tal vez más allá. Para revelar su ubicación antes de que haya víctimas propone un trato. ¿Podrá la brigada criminal desentrañar este rompecabezas antes de que se produzcan mayores pérdidas?


Por último, Camille regresa tocando de cerca la vida del protagonista pues es su actual pareja, Anne Forestier, quien se ve implicada en un robo en un centro comercial y roza la muerte. Sin embargo la historia no acaba aquí, sino que desde entonces se verá en grave peligro pues parece que el criminal está obsesionado por matarla por alguna razón y el comandante tendrá que tomar algunas decisiones y moverse en un hilo tan delgado entre la ley y abismo que tal vez no sea capaz de mantener el equilibrio. En cualquier caso será otro suceso que hará que su vida dé un giro de 180 grados y no para bien.

Afortunadamente para todos aquéllos que apreciamos a este curioso personaje, Pierre Lemaitre ha declarado cerrada la saga y dejará descansar a su protagonista, bien merecido lo tiene al fin y al cabo. Todas las historias tienen como común denominador el nivel constante de tensión. La acción no decae un momento y todo el proceso de trabajo se va viendo reflejado página tras página, a la par que se suceden los acontecimientos siempre hacia un final bastante trágico y duro (sobre todo en el primer libro), no apto para estómagos sensibles.

Los personajes encajan perfectamente, como un puzle. Destaca su protagonista, un hombre que sufre una minusvalía debido al hábito pernicioso de su madre de fumar, algo que no dejó ni durante su embarazo y que causó que Verhoeven no llegara a alcanzar siquiera el metro y medio de estatura. Sin embargo, esto no hizo arredrarse a este hombre, que, según se cuenta en las novelas, estudió derecho y acabó entrando en la policía, donde escaló hasta su puesto actual como comandante de la Brigada Criminal por méritos propios. También se ve que esta situación hizo que desarrollara un carácter bastante fuerte, unido a una inteligencia aguda y unos dedos ágiles para el dibujo herencia de su madre fallecida. Le acompañan caso a caso su fiel ayudante Louis, un hombre que, como el propio Camille suele recordar, podría estar perfectamente viviendo de sus rentas sin trabajar pero que ha elegido ser policía; Armand, alguien tacaño hasta lo exagerado pero gran trabajador, minucioso hasta lo más nimio; y el comisario, que además es posiblemente su mejor amigo.

En retrospectiva debo reconocer que son una gran saga de novela negra. No conocía al autor hasta que el programa de la Cadena Ser Negra y Criminal me lo descubrió con una de sus dramatizaciones y debo decir que es muy bueno, aunque muy duro. Creo que todos sentimos como propios los pesares de Camille, quien debe lidiar día a día con su trabajo y sus propias limitaciones para salir adelante, con su fuerte temperamento y sentimientos y que, sin embargo, muestra gran entereza y grandeza para sobrellevarlo todo lo mejor que puede. Su gran humanidad lo convierten en uno de los mejores personajes de la literatura policíaca que conozco hasta la fecha, lejos de los clichés del género. Aunque sin duda el señor Lemaitre volverá a torturar a otro pobre personaje y a muchos más posteriormente, esperemos que no tarde mucho en sorprendernos con nuevos acercamientos a la novela negra, pues ha demostrado ser un buen escritor del género por méritos propios.

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