lunes, 28 de marzo de 2016

Sombras de Leningrado: la crónica (2ª parte)

Gracias a un poco de suerte, el pasado Viernes Santo pudimos dar carpetazo a estas Sombras de Leningrado. Pese a ser un día festivo y que mucha gente tenía compromisos de diversa índole, con dos jugadores con muchas ganas de sacar adelante la historia, se continuó el periplo por las gélidas calles de esta ciudad rusa.


Recordad. En el contenido hay SPOILERS sobre la historia. Quien vaya a jugar a este módulo, lo mejor que puede hacer es dejar de leer para no conocer lo que no querría saber antes de tiempo.

El grupo había acabado la anterior sesión sufriendo un mal encuentro en el museo. Cuando fueron a ver las obras de la difunta Charlotte Geoffrey se encontraron con unas extrañas serpientes y también con varias personas muertas en el otro ala del museo, donde se exponían los cuadros más importantes de la autora, cadáveres a los que se les habían arrancado los ojos y la lengua. Mientras investigaban, fueron asaltados por un extraño ser al que despacharon gracias a las pistolas que habían conseguido llevar consigo y al barullo reinante de gente que corría de aquí para allá. Sin embargo en su periplo, uno de ellos salió corriendo y gritando hacia alguna parte y, una vez conseguida toda la información posible de aquel lugar, el siguiente paso lógico era averiguar dónde estaba el lugar indicado en el tosco mapa o regresar a la casa de los Orkonov para ver si podían dar uso a la información obtenida del cuadro donde el reloj marcaba dos minutos antes de la medianoche. Optaron por lo segundo.


La casa estaba a oscuras, sola y helada, como si nadie hubiera estado allí desde que ellos la abandonaran tras su visita anterior. Como conocían el lugar donde estaba el reloj de cuco, se acercaron a la cocina y pusieron en marcha el mecanismo... que reveló la trampilla y unas escaleras de piedra que descendían hacia la profunda oscuridad por debajo de la casa en sí. Tras armarse de valor, y enviar a dos reacios voluntarios por delante, descendieron. La primera cámara a la que accedieron contenía un cadáver antiguo con ropas de mongol y un libro y varios huesos largos sobre una mesa de piedra. Estos huesos resultaron ser estuches de pergamino en los que encontraron un curioso texto, así como imágenes poco agradables sobre un culto y otra copia del mapa del que ya disponían. El libro parecía una especie de genealogía dado que al final el que parecía ser Alexei Orkonov había escrito sobre su boda con Charlotte y no había más escrito.

Sin embargo más adelante les esperaba una desagradable sorpresa. Vladimir Yezhov, a quien vieran por última vez durante la exposición, se arrastraba hacia ellos... pero le faltaba la mitad del cuerpo. Ante el estupor de los investigadores, apenas pudo responder a una pregunta antes de fallecer. El camino, que estaba decorado con imágenes borrosas de cosas posiblemente relacionadas con cultos antiguos, se bifurcaba. Eligieron primero el camino contrario respecto al desafortunado conservador y allí enviaron a los intrépidos Bruken y Dietrich, que descubrieron una cámara cuajada de constelaciones y una figura momificada que resultó ser un antiguo cosaco que portaba, entre otras cosas, un medallón de plata con una luna grabada. Sin embargo, no estaban solos y fueron atacados por una bestia que pareció surgir de la imagen de la luna representada en el firmamento dibujado. Por suerte, pudieron abatirla, pero estos disparos hicieron que no fueran conscientes de los problemas de sus compañeros fuera hasta que se les echaron encima. Y es que del lugar que procedía el conservador surgió un grupo de desarrapados muertos vivientes a los que las armas no parecían hacer ningún daño... o casi. Muchas balas después, lograron reducir a los engendros y revisar la última sala de aquel complejo subterráneo. Allí encontraron una tarjeta de visita de Boris Churin, el director de teatro... aparte de un curioso libro que habrán de estudiar con tiempo para obtener información. 


El día tocaba a su fin y debían regresar al hotel. La policía, según el jefe de museo les había dicho antes de que se marcharan, querría hablar con ellos y debían tener cuidado si no querían tener problemas. Efectivamente, varios agentes esperaban en el museo y los interrogaron por separado. La historia del grupo no era muy creíble, pero tampoco tenían pruebas que les implicaran directamente por lo que fueron apercibidos de no marcharse del lugar por ahora y que tuvieran cuidado en adelante de no encontrarse en lugares con "problemas". Poco sabían los policías que la representación teatral a la que iban a asistir los investigadores iba a tener un final bastante dramático.

Sí, los investigadores conservaban las entradas para ver El Lago de los Cisnes y allí fueron para ver si podían atrapar al menos a Helena Orkonov, dado que en los periódicos pudieron ver que su hermana pequeña, internada en el psiquiátrico, había sido raptada. Sus entradas eran en primera fila, proporcionadas por el propio Churin a petición de la encantadora Rossy de Novgorod. Helena estaba allí. Pudieron verla antes de que comenzara la obra escudriñando brevemente el exterior desde detrás del telón, pero no tuvieron ocasión de mucho más. El grupo que tenía pensado entrar por la parte posterior no tuvo suerte y no pudo entrar y la dama de Novgorod y "pequeño Belloq" se vieron envueltos en un turbio suceso cuando un grupo de asaltantes abrió fuego contra todos los que estaban en el teatro, incluyendo bailarinas y músicos. Debido a que su compañero resultó gravemente herido, Rossy tuvo que aguardar un tiempo a reunirse fuera con los demás y regresar al hotel. La chica había volado. En algún momento de aquel tiroteo se había marchado o se la habían llevado. Y sólo podía ser a un lugar.


La noche siguiente, armados hasta los dientes, los investigadores consiguieron un vehículo para viajar hasta donde estaba el lugar marcado en el mapa, presumiblemente el sitio donde se llevaría a cabo lo que parecía una invocación a una entidad llamada Ithaqua. La suerte quiso que pudieran moverse e infiltrarse hasta las cercanías de aquellas ruinas donde estaban congregados un par de extraños yetis, las dos hijas Orkonov y Churin, y pudieron abatir a ambas jóvenes sin muchos problemas. El caos posterior ya no lo esperaban, especialmente las tres horribles bestias de seis patas que se les echaron encima mientras los dos guardias yeti se llevaban los cuerpos de las chicas. Bruken perdió el norte, abrumado por la situación, y salió corriendo. Ya en la cueva había experimentado un episodio de locura transitoria y aquellos seres cornudos pudieron con el resto de su cordura. Otro de los investigadores fue abatido y sólo quedó uno de ellos, Dietrich, para combatir contra aquellos seres. Con mucha presencia de ánimo, y bastante suerte, logró eliminar a uno y poner en jaque a otro durante un tiempo hasta que la fortuna le falló y a punto estuvo de costarle la vida, quedando inconsciente al borde de la muerte en donde había estado luchando. Sin embargo, pudo sobrevivir gracias a la intervención de Rossy, que observaba la escena desde donde dejaran el vehículo y se acercó una vez pasado el peligro para al menos estabilizarle con sus escasos conocimientos médicos.

Y aquí termina esta sesión y aventura. Los investigadores han ganado... al menos por ahora. Ithaqua no pudo entrar en este mundo y sus rugidos se escucharon a través de las estepas mientras quedaba confinado donde estaba durante quién sabe cuánto tiempo más. Desgraciadamente, han tenido una baja y otro de sus compañeros habrá de ser ingresado en un manicomio durante un tiempo, otros dos están en bastante mal estado y sólo la dama de Novgorod ha quedado para intentar arreglar las cosas y propiciar la salida del grupo del país.

Perdieron más cordura que sus PJs, ¿que no?

Sin embargo, así y todo los jugadores lo celebran. Ha sido difícil pero lo han conseguido... hasta que llegue su próximo desafío que vendrá de la mano de la cuarta aventura de Age of Cthulhu en un futuro puede que no tan lejano.

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