viernes, 4 de marzo de 2016

Sombras de Leningrado: la crónica (1ª parte)

Como ya comenté en la entrada anterior, debido a lo especial de esta semana y de este día, cuando los jugadores de rol recordamos a uno de los grandes creadores que ya no se encuentra entre nosotros, Gary Gygax, a modo de homenaje presento la crónica de nuestra partida del viernes pasado que incluyó la primera parte del módulo Sombras de Leningrado para La Llamada de Cthulhu, uno de los juegos de rol más veteranos de las mesas de juego.


AVISO: Al ser la crónica de una partida, esta entrada contiene SPOILERS sobre la trama del módulo, así que quien lea a partir de aquí  sabe que se expone a saber más de lo necesario si quiere interpretar un personaje en esta aventura. 


El grupo pertenece a una asociación que se dedica a investigar casos relacionados con lo paranormal y el ocultismo al estilo de la asociación Theron Marks (aunque todavía no tienen muy claro el nombre, todo hay que decirlo). Hay varios veteranos ya de la asociación, como son Elías McDonell (alias "pequeño Belloq"), investigador de campo; el buscador de tesoros Nathan Jones y Dietrich Wolff, otro investigador pero de origen ario. A este grupo se han unido dos asociados con menos tiempo en el grupo como son Bruken-Heimer (alias "Brutem"), brazo fuerte del grupo, y Rosy de Novgorod, refutada actriz de teatro.



Reunidos en la localidad de Arkham tras haber estado trabajando en un caso, un telegrama dirigido a la actriz fue el detonante de que se decidieran a posponer su regreso a Boston y encaminarse hacia Leningrado, donde iba a tener lugar el funeral de la desdichada pintora Charlotte Geoffrey.

Dado que no conocían mucho sobre la familia o los cuadros de Charlotte, en su camino a Leningrado pasaron por el museo del Louvre en París, donde se exhiben algunas obras de esta pintora, pero no vieron en ellas nada especial, aunque sí constataron que se correspondían con las pertenecientes a la primera época, no eran de las últimas, que, según les informaron, estaban en Leningrado.


Llegaron a la ciudad a través de un tren procedente de la cercana Finlandia. El día era tan frío como cabía esperar en esa época del año, invierno de 1927. A la estación había ido a recogerles aquel que les había enviado el telegrama, el director del Museo del Estado, Yuri Kamzanov. El hombre se ofreció a llevarlos a su hotel y al día siguiente llevarlos al funeral de Charlotte. Poco pudo aportar salvo que la policía barajaba que la causa de la muerte era un suicidio y la hija menor, Katarina, había sido quien había encontrado el cuerpo.

Al día siguiente, tras haber disfrutado de unas suites de buena calidad, salvo Rosy de Novgorod que fue alojada en una de las más lujosas del hotel, el grupo se encaminó al responso. Allí encontraron a bastante gente, demasiada para lo que se suponía que debían ser sus amigos, pero todos parecían conocer a la difunta y expresar su lástima de forma más o menos veraz sobre su prematura muerte. Entre las cosas que los pocos que quedaron tras el funeral dijeron que fueran de utilidad a los investigadores, pudieron entresacar que tanto Alexei Orkonov, que fue encontrado gravemente herido y delirando, como su hija Katarina habían sido ingresados en el Hospital de la Revolución. También que su hija mayor, Elena, no se encontraba en la casa ni había acudido al entierro o a este responso. Elena, según se sabe, es bailarina en el teatro Mariinsky de Leningrado. Por último, como dato curioso, los presentes mencionaron a un tal Jonah, mayordomo de la casa, como la otra persona presente en el lugar cuando se produjeron los hechos.

Los investigadores entablaron conversación con varias personas, entre ellas el ayudante de Kamzanov, Vladimir Yezhov, quien les ofreció organizarles una visita privada a la exposición que tienen en el museo de las obras de Charlotte; a Dmitri Skoblin, un joven pintor, admirador de la obra de Charlotte; y pudieron hablar también con Boris Churin, director artístico del teatro Mariinsky, quien les dijo que había venido en representación de Elena, quien se encontraba alojada con su familia en una propiedad al norte y se encontraba muy afectada para venir. También invitó a Rosy y sus conocidos, dado que fue él quien se acercó a saludarla, a pasar por el teatro para disfrutar de una próxima representación del Lago de los Cisnes y aseveró que a él no le gustaban los cuadros de Charlotte ni en general la pintura sino la literatura.

Antes de marcharse, dos investigadores fueron abordados por dos de los presentes. Uno de ellos, desconocido hasta entonces, dijo llamarse Genrikh Rabohkov y les entregó una llave de la casa de los Orkonov para que pudieran entrar a ver los cuadros que todavía se encontraban allí. El criado, Jonah, sabía que iban a ir y no pondría impedimentos. El segundo fue el propio Yezhov, que entregó a otro de los investigadores un curioso medallón de plata con una cabeza de lobo de ojos llameantes representada en él y les dijo que pensaba entregarlo a Elena pero, ya que no estaba allí, esperaba que pudieran entregarlo a Jonah para que lo pusiera a buen recaudo en la casa.

El siguiente paso de los investigadores fue dirigirse a la casa de los Orkonov, a las afueras de Leningrado. La casa, de aspecto frío y construida con piedras antiguas, solo tenía luz en una ventana y un hilo de humo de la chimenea denotaba que había alguien dentro. Al llamar a la puerta los atendió el mayordomo, Jonah, un tipo de aspecto simiesco, brazos largos hasta casi tocar el suelo y pies sin zapatos también de aspecto simiesco. Éste los invitó a pasar y les ofreció bebidas y refrescos así como enseñarles la casa mientras "no tocaran la mancha de sangre de la cocina" tal como la policía le había dicho. Al preguntar al mayordomo, Jonah dijo que vino siendo bastante pequeño a servir a la familia, que procedía de una alta cordillera al este donde todos son como él, que estaba allí porque no tenía donde ir y la policía le había dicho que vigilara que nadie tocara nada y que podían investigar la casa siempre que "no tocaran la mancha de sangre de la cocina".

Así pues, los investigadores inspeccionaron toda la casa, topándose con algunos de los cuadros de Charlotte en el salón, el dormitorio y el estudio. Estos cuadros, al menos el del salón y el del estudio, tenían una extraña particularidad: si los inspeccionaban una segunda vez, la imagen representada cambiaba y para adoptar una imagen aún más perturbadora que la anterior. En la cocina descubrieron la mancha de sangre, el cuchillo sobre la encimera con el que decían que Charlotte se quitó la vida cubierto de sangre... y un segundo cuchillo de pequeño tamaño oculto bajo la estufa metálica del fondo de la estancia. También descubrieron un reloj de cuco parado y lo que parecían ser unos contornos en el suelo de una trampilla oculta, mas no descubrieron forma de abrirla y los bordes estaban demasiado bien encajados para poder abrirla a la fuerza. Sin embargo, lo más perturbador fue el estudio, donde había un lienzo cubierto que, al mirarlo por tercera vez, hizo que vieran unas figuras amenazadoras en los bordes y a Jonah, ¡que se giró y les sonrió! Y debido a esto, pese a que habían sido advertidos de que todo estaba inventariado, quemaron el cuadro en la chimenea de la casa. Jonah, como era de esperar, había desaparecido en algún momento anterior. Por lo demás, en la casa encontraron las pinturas de Charlotte, cartas de ésta y su hermano donde hablaban de un poder en el norte y que había que encontrar los restos de una iglesia antigua para despertarlo, un libro: el pueblo del monolito, cartas de compra de cuadros por parte del museo con sus recibos, dinero en metálico y cartas de Elena solicitando entrar en el teatro como bailarina. También encontraron bajo la mesa del comedor un papel arrugado que parecía una nota forense sobre la muerte de Charlotte que apuntaba a que no tenía aspecto de ser un suicidio precisamente. Su último descubrimiento fue, quizás, el más inquietante: un dibujo entre los muñecos del cuarto de Katarina.

Antes de marcharse, les llegó un telegrama de Vladimir Yezhov donde se les invitaba a la visita a la exposición de la obra de Charlotte Geoffrey en el museo al día siguiente. Como este día ya no podían hacer mucho más, regresaron al hotel a descansar.

Al día siguiente se acercaron al Museo del Estado, donde había bastante gente. Yezhov estaba esperándoles en el recibidor, una vez subidas las escaleras. Los condujo a su pequeño despacho, donde pudieron ver una obra de Charlotte que ya se había vendido y estaba a punto de ser enviada donde se representaba un reloj de cuco lleno de gusanos que marcaba dos minutos antes de la medianoche. Esto les hizo pensar en el reloj de la cocina de la casa... Pero les interesaba ver el resto de la obra de la pintora antes de comprobar esto, de modo que fueron a las diferentes alas del museo, no sin antes pasar a saludar a Kamzanov, que estaba en su despacho escribiendo furibundo una carta en su máquina de escribir que, según pudieron ojear los investigadores, se quejaba de las constantes preguntas de Boris Churin sobre un cuadro en concreto "La Sombra Roja".
El ala Rossi del museo estaba ocupada por gente que miraba las pinturas, se sentaba y comentaba cosas entre sí y, en definitiva, disfrutaba de aquel opulento lugar legado de los zares. Sin embargo, un grito procedente del fondo de la sala hizo que todo el mundo comenzara a correr hacia la salida. Los investigadores se acercaron con cuidado y vieron cómo una serpiente constreñía a una mujer mientras otras dos, que habían observado los movimientos de los recién llegados, estaban a punto de caer sobre ellos. El cuadro sobre ellas estaba hecho trizas y representaba a una mujer de cintura para arriba que miraba hacia la superficie de un lago y posteriormente era una figura simiesca quien estaba limpiando una mancha de sangre de esa misma superficie hasta que no quedó nada... Las serpientes atacaron, sí, pero no fueron rivales para las armas de los investigadores, que decidieron poner pies en polvorosa y visitar la otra ala del museo aprovechando la confusión. Si bien la pintura rota era de Charlotte, el que parecía interesar a Boris Churin estaba en el otro lugar.

El ala Benois estaba, en contraste con la otra, tan silenciosa como una tumba. Sin embargo algo había allí. Varios cadáveres, a los que les habían arrancado los ojos y la lengua, estaban sentados en la bancada central con expresiones de agonía en sus rostros muertos. Todos miraban hacia dos cuadros en concreto. Sin embargo, una risilla siniestra atrajo la atención de los investigadores hacia un rincón oscuro, bajo otro cuadro, donde una figura tan horrible como el sonido que había emitido se lanzó sobre los investigadores. Por suerte, éstos reaccionaron rápidamente y redujeron a la bestia antes de que pudiera ocasionarles problemas. Después, ya más tranquilos, registraron los cadáveres y descubrieron unas entradas para la obra El Lago de los Cisnes en el teatro Mariinsky al día siguiente y un folleto en el que alguien que firmaba como "B" les pedía que llevaran el cuadro en el maletero tras la última representación. También pudieron ver otros dos cuadros de Charlotte: Implacable y La Sombra Roja, tras la que encontraron un papel doblado que resultó ser un mapa hecho a mano con una ubicación en algún lugar al norte de la ciudad, a unas horas de camino.


De este modo ante ellos se abría ahora una disyuntiva, varios caminos que podían recorrer y pistas que seguir, aunque había varias sospechas que iban cobrando certeza alrededor de lo que había pasado en realidad tras el supuesto suicidio de Charlotte.

Continuará...

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