jueves, 4 de diciembre de 2014

El Cáliz Maldito, el ocaso de la leyenda artúrica

Hace ya unos meses que empezara a hablar de esta trilogía que recoge la saga artúrica desde un punto de vista más cercano a lo celta y lo romano, intentando darle un halo de verosimilitud a esta famosa leyenda medieval que tanto ha cautivado a todo el mundo y que sigue brillando con tanta fuerza como antaño.


Toda leyenda y su héroe tienen su momento de creación, su momento glorioso y después su caída, ya sea más o menos dolorosa, pero siempre memorable. No es diferente el caso del rey Arturo, cuyo reinado e ideales inspiraron a tantos desde la Edad Media. El Cáliz Maldito es la tercera parte de esta saga que iniciara M. K. Hume y lleva al lector hasta el momento final en el que sucedió lo siguiente...


Publicada por Alianza Editorial en 2013 en rústica con solapas y un total de 493 páginas numeradas, El Cáliz Maldito se mantiene en una línea sencilla de ilustración de portada, que es a color, donde tan sólo se puede ver un cáliz en una zona de costa. La complejidad la pone la cantidad de texto, un tanto excesivo, que acompañan a la ilustración junto al nombre de la autora y al título, todo en diferentes tamaños de letra para resaltar la relevancia de ciertas partes del texto.

"Un futuro de tinieblas amenaza el reino de Britania. ¿Sobrevivirá la leyenda artúrica?"
"Guerra. Oscuridad. Leyenda".

 Han pasado los años... El rey Arturo sigue guerreando constantemente contra los sajones, a los que le es imposible expulsar completamente de Britania. A la vez, mantiene su distanciamiento con su reina, Wenhaver, y su amistad con aquéllos que compartieron sus andanzas desde los primeros días. Los años no pasan en balde y el rey comienza a pensar en la sucesión, ya que su matrimonio no le ha dado hijos. A la vez, llegan a la corte los hijos de sus familiares y allegados. Nombres como Galahad, Balin, Balan, Taliesin y el audaz Mordred irrumpen con fuerza en el relato. El reino se precipita a su final y el rey es consciente de ello. Las traiciones se suceden y una mano enemiga hace resurgir el antiguo cáliz del leal obispo de Glastonbury como si se tratase del Grial y usarlo contra el rey. La búsqueda disolverá la unidad de los caballeros del rey y será el preludio de la última gran batalla de Arturo, en la que vencerá y será vencido, la que le encumbrará como héroe de Britania.

Como en los anteriores, mantiene todo desde una perspectiva celta y siempre intentando mantener el máximo de rigor histórico dentro de lo posible (la historia hasta la fecha no se sabe cuánto tiene de cierta). El texto es tan ágil y ameno como en los libros anteriores, capaz de mantener el interés incluso si ya se sabe cómo acabará la historia. Los personajes se presentan de una forma distinta a la leyenda original. En el pasado libro ya la historia de Myrddion y Niniana era diferente, pero aquí además los personajes como Galahad, Balin, Balan y Tristán también tienen un cariz distinto, aunque no implica que estropee la historia sí que matiza sus caracteres según el deseo de la autora.

La historia está bien narrada, es una gran historia que no pierde en ningún momento lo épico y dramático que hacen de la leyenda artúrica lo que es. La introducción de lo celta en la historia no desmerece sino que le da más verosimilitud a los hechos (dentro de lo que se puede dar a algo que no es histórico), de modo que no es un calco de la historia conocida sino que tiene algunas pequeñas variantes que la hacen interesante para quien ya conozca los hechos y recuerda a la línea narrativa seguida por el juego de rol Keltia publicado por Holocubierta. Es interesante para cualquier amante de la historia del rey Arturo que no busque una copia de los hechos y personajes ya descritos por la historia original y existe también una trilogía que abarca la historia de Merlín para quien desee leer más.

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