jueves, 9 de enero de 2014

Rurouni Kenshin, Restauración

Aprovechando que los libros me han dado un respiro, aunque hay más de uno en recámara, nueva reseña de cómics sobre un clásico que está siendo revitalizado a base de adaptaciones cinematográficas, Rurouni Kenshin, más conocido como El Guerrero Samurai en castellano.




La idea de publicar estos cómic, según confiesa su autor entre las páginas del primero, fue por el rodaje y emisión de una película interpretada por actores reales. Esto hizo que después de 12 años volviera a dibujar a uno de sus personajes más icónicos tanto dentro como fuera de Japón. Al igual que la película acercó el manga a más público, el autor lo consignó en manga para aquellos seguidores suyos amantes del formato y así fue como en el 2012 regresó en forma de un par de tomos, con el nombre de Rurouni Kenshin Restauración, para posteriormente ser publicado en otras partes del mundo.


La edición en castellano ha venido de la mano de Panini comics, la nueva propietaria de los derechos de este manga tras su paso por Glenat. Ambas entregas han sido publicadas durante el presente 2013 en tapa blanda con sobrecubierta, formato habitual de este tipo de cómic. Ambas portadas representan al protagonista pero su enfoque es bien distinto, como subrayando las dos facetas de este supuesto rurouni.


El interior reproduce en cómic lo que se pudo ver en la película, que no es más que un episodio cero reescrito como si fuera una versión alternativa de la vista en cómic y donde se narra la llegada de Kenshin y su encuentro con Kaoru, así como la primera intervención del legendario hittoriki ante las actividades delictivas de Kanryû Takeda, un mercader sin escrúpulos. Es en este momento que conocerá a Sanosuke y a Yahiko, sus dos amigos más queridos del dojo. En esta reinterpretación se prescinden de ciertos personajes y elementos y cambian las relaciones con otros personajes. En este caso, Yahiko aparece como un maleante que trabaja para Takeda y mucho menos niño de lo que se viera en el manga original. También cambia la relación entre Kenshin y Hajime Saitô, que de ser eternos rivales unidos por una visión del mundo relativamente parecida pasan a tener un respetuo mutuo muy cercano a la amistad, lo que hará posible escenas en la que intercambian pareceres de una forma menos hostil que en el cómic original.


Estos cambios, unidos al dibujo al que nos tiene acostumbrados Nobuhiro Watsuki, hacen que la historia fluya sin cortapisas, casi como si no se tratara de una variante del original sino del original en sí. Maleable, la historia se adapta sin parecer demasiado forzada, plausible y agradable también para el lector del cómic original. Los cambios pueden gustar más o menos, es inevitable, pero se trata de una historia sin pretensión de usurpar la original, sino solo de trasladar lo visto en la gran pantalla a formato papel.


Para todos los nostálgicos de las aventuras del rurouni, entre los que me incluyo, estos dos volúmenes supondrán una agradable compra y un regreso a uno de los héroes más queridos del manga japonés.

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