jueves, 23 de enero de 2014

Circo Máximo. La ira de Trajano

¿Alguien quiere regresar en una máquina del tiempo tan peculiar como un libro a la época en la que Roma era un poderoso imperio y asomarse a las vidas de ricos y plebeyos, soldados y césares? Pues está de enhorabuena, Santiago Posteguillo publicó Circo Maximo a finales de agosto del pasado año. Una vez más, bienvenidos a Roma.


Se trata del segundo libro de la trilogía que el autor está escribiendo sobre el emperador Trajano, el primer gran emperador hispano que llegó para quedarse a lo más alto del poder en un imperio en el que el poder sólo se concentraba en manos de los romanos de pura cepa nacidos en la propia península. Editado en tapa dura con sobrecubierta a todo color, e incluso con retoques metálicos, todo un lujo para un libro de una extensión de 1197 páginas. Una impactante ilustración que recuerda a los nostálgicos la gran película Ben-Hur es la encargada de presentar el título con la misma fuerza y personalidad que el propio texto.


En esta ocasión la acción se centra en el periodo central del reinado de Trajano. Si en la primera entrega llegaba al poder y comenzaba su ascensión, ahora el lector asiste al apogeo de su reinado y la principal campaña que le hará famoso: su enfrentamiento con los dacios del rey Decébalo. Uniendo a este hecho la acusación de incesto de una vestal y épicas carreras en el Circo Máximo, aderezando con intrigas palaciegas y personajes, Posteguillo presenta un largo libro repleto de momentos memorables. Con gran acierto va alternando las diferentes tramas entre sí para que nunca decaiga el ritmo o la tensión a la vez que se mantiene siempre lo más fidedignamente posible ceñido a las fuentes históricas como lo demuestran las constantes citas de autores clásicos que se presentan al final de algunos capítulos o en el inicio de los diferentes bloques en los que ha dividido este largo volumen. 


Destacar especialmente el cuidado que pone el autor a la hora de describir a cada uno de los personajes, ya sean principales o secundarios, dándoles a cada cual su propia personalidad y motivaciones, presentando con ello un elenco digno de cualquier gran saga. Esta capacidad para crear gran cantidad de personalidades y a la vez presentarlas con sus virtudes y defectos hace posible que el lector pueda llegar a identificarse con ellos, incluso con el propio Trajano, que no es ajeno a los sentimientos precisamente. Como en la entrega anterior, Posteguillo da personalidad incluso a algunos animales, en este caso se centra en los caballos, pieza fundamental en un libro donde las carreras de cuádrigas forman parte fundamental de la historia. Aquí tal vez el autor haya exagerado un poco, pero en beneficio de la narración, lo cual es perdonable. 


La forma de escribir es tan ágil y fluida como siempre, sin bajar nunca el ritmo, sin perder de vista el final de la historia y rematando de forma correcta cada una de las tramas que se presentan, aunque sin ser espectacular en ello. Todo esto hace que el libro enganche con facilidad al lector pues es imposible pensar en dejar de leer cuando todo se mantiene siempre en vilo, hasta las últimas páginas.


Haciendo un resumen de todo lo dicho, sin entrar en el argumento que no deja de ser una reconstrucción que intenta ser lo más realista posible de la vida del emperador Trajano, Santiago Posteguillo vuelve a conseguirlo. Recrea una Roma tan magnífica como decadente, la gran metrópoli de la Antigüedad con sus luces y sombras y en ella desarrolla la historia del emperador, su familia, sus allegados... y otra serie de personajes de diferentes clases sociales que también sirven al autor para mostrar la vida cotidiana en los diferentes sectores de la población. Por su rigor, en la medida de las posibilidades, su tratamiento de los personajes y los excelentes anexos al final del libro donde se intercalan croquis de las campañas militares, genealogías y glosarios, no puedo sino aconsejar encarecidamente la lectura de estos libros a cualquier amante de la narrativa histórica y especialmente del mundo romano. El libro vale lo que cuesta y además es un autor español, para que luego digan que no hay buenos escritores en España a los que merezca la pena apoyar.


Ave, Santiago, tus lectores ya están esperando la continuación... y tu siguiente trilogía, a ver con qué nos sorprendes.

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