lunes, 16 de septiembre de 2013

Club del Pentagrama: Las Máscaras (XI)

Y bien, fin de la parte cairota de la campaña con cierto sabor agridulce por la pérdida de tantos miembros del equipo, afortunadamente al menos fue por una buena causa y la frustración de cierto Faraón Oscuro no deja de crecer.


Bienvenidos a las crónicas de la macrocampaña Las Máscaras de Nyarlathotep. A partir de aqui comienzan, como siempre, los spoilers. 


Una vez regresado el arqueólogo de la horrible visita a las pirámides acompañado por los otros dos miembros de la expedición que le acompañaban irremisiblemente locos, todo el grupo quedó al tanto de que el propio dios exterior estaba al tanto de sus movimientos y enojado por lo ocurrido. Sin embargo no podían dejar que el cinturón de Nitocris cayera en malas manos por lo que tenían la opción de destruirlo o esconderlo para que jamás pudiera ser encontrado. Con esa idea en mente, fueron a ver a Ali Kafour al museo de El Cairo, llevando consigo unas fotos del objeto para ver si el egiptólogo era capaz de saber algo sobre él.

El conservador no conocía el cinturón y llegó a dudar de su veracidad, pero finalmente aceptó las explicaciones del grupo sobre él. Por lo que podía ver, el objeto parecía indestructible, por lo que la única opción era ponerlo a salvo. A tal fin, ofreció ocultarlo en la bóveda de seguridad del museo, escondiéndolo entre un buen número de objetos egipcios sería más difícil que alguien pudiera dar con él. También dejaría de tener contacto con ellos, eso haría que estuviera relativamente a salvo y lejos de toda sospecha por parte de la secta.

Una vez entregado al objeto, y burlada por enésima vez la vigilancia enemiga sobre los investigadores, se marchan hacia Kenia, su siguiente destino. Para ello viajan en barco hasta Mombasa, momento que aprovechan para descansar un poco, echar un vistazo a la información que poseen al respecto y traducir algunos de los jeroglíficos que se pudieron extraer de la sala del Faraón Negro. En ellos se indica una fecha del próximo año en la que se produciría un eclipse total, concretamente el 19 de mayo. Al parecer está relacionado con el mapamundi de la pared en el que había marcado unos puntos en la zona del Índico, pero sin concretar, por lo tosco del formato, exactamente los lugares que eran.

En Mombasa aparentemente no hay nada que ver o hacer, de modo que el grupo pasa la noche en un hotel y parte al día siguiente en tren. Es precisamente el largo viaje en tren el que deparará la primera sorpresa.

Mientras viajan, caída la noche, dos especie de fuegos similares a estrellas se dejan ver en la parte exterior del tren. Ante los atónitos ojos de los investigadores, consiguen derretir el armazón exterior del vagón y atacar a los que están allí, prendiendo fuego al compartimento. Con mucho esfuerzo dado que no había nada que permitiera combatir con ciertas garantías a aquellos extraños seres ígneos y varias quemaduras de diversa consideración después, consiguen apagar el fuego y a los murciélagos de fuego, o así los identifica uno de los más veteranos del grupo, pero no sin ser acusados de haber prendido fuego al tren por negligencia y llegar ya con algunos heridos a Nairobi, bastante enfadados por lo ocurrido y deseando averiguar qué más van a encontrar allí, aunque todos los indicios dan a entender que se las van a ver con un tal Viento Negro y su sacerdotisa en el mismo lugar en el que supuestamente fue diezmada la expedición Carlyle. 

Fin de una corta sesión que tuvo más de mecánica y de hacer fichas que de investigación, preludio a otro tipo de situaciones que sin duda transcurrirán en la siguiente ocasión, esperemos que el próximo fin de semana.

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