lunes, 22 de julio de 2013

Club del Pentagrama: Las Máscaras (VIII)

Y tras un descanso protagonizado por Aventuras del Capitán Alatriste, regreso a la megacampaña que estamos jugando este año, el clásico Las Máscaras de Nyarlathotep, publicado originalmente por Chaosium y en castellano primero por JoC Internacional y muy posteriormente por Edge. La Llamada de Cthulhu goza de buena salud en nuestra mesa de juego. Además esta sesión fue inusualmente productiva, de esas pocas que merecen ser recordadas mucho tiempo por la implicación de todos y los frutos obtenidos.



Por favor, recordad que a partir de aquí comienzan los spoilers y que si vais a jugar como investigadores, no conviene leer más allá.


En la última sesión, tras el gran asalto a la casa de campo donde se disputó una breve escaramuza con sectarios y horrores extraplanares, dos miembros del grupo perdieron la vida... una gran pérdida a la que seguramente se unirán más conforme avance el asunto, pues la peligrosidad no deja de crecer. Pero por lo pronto el viaje en barco hasta Alejandría fue tranquilo, permitiendo a los investigadores descansar, organizarse y pulir sus habilidades de cara a lo que estaba por venir. Además había una boda que celebrar, un enlace entre dos de los miembros más antiguos del grupo de investigadores. Un único hecho vino a perturbar estos pacíficos días, una carta de Gavigan en la que les conminaba a no regresar nunca a Inglaterra por su propia seguridad. Al parecer ni tan siquiera un disparo a la cabeza había sido capaz de acabar con este perseverante hombre.

A día doce de marzo del 27, el grupo llegó a Alejandría, donde permaneció un día visitando la ciudad y aguardando para tomar el tren hacia El Cairo. Tras hospedarse en uno de los mejores hoteles, un grupo se dirigió hacia el departamento de antigüedades egipcio para averiguar datos sobre la expedición Carlyle, pues tuvieron que pedir permisos en Egipto si querían excavar. En la embajada les dicen que el grupo de Carlyle estuvo en Dashur, Sakkarah y Gizéh. Al parecer la fundación Penhew también tiene una misión activa en Egipto, aunque el funcionario no quiere hablar de forma directa y deriva a los investigadores a Nigel Wasif, el director de uno de los periódicos más conocidos de la ciudad: El Cairo Bulletin. 

El director del periódico accede a recibirles y les informa que la expedición se llama Clive por el profesor que la dirige. Están actualmente en Gizeh, donde han desenterrado la momia de una mujer desconocida que se cree que es la reina Nitocris de la menor de las tres pirámides. Al preguntar por la expedición Carlyle, parece interesado. Tiene una serie de fotos del grupo saliendo del Turf's club. Al parecer llegaron en mayo y buscaban información sobre la III Dinastía egipcia. Circulan rumores sobre otros propósitos como investigar sobre el Faraón Negro. Inopinadamente dejaron la excavación y marcharon a Mombasa. La excusa es que Carlyle está enfermo y que las crecidas cubrirán la zona de excavación, por lo que no podrán retomar inmediatamente los trabajos. Al parecer Carlyle no fue el único enfermo sino también la fotógrafa Hipatia Masters. Era imposible conocer qué les enfermó o lo que estaban excavando pues mantenían gran secretismo sobre lo que hacían y no permitían visitas en el campamento. Se sabe que cenaron varias veces con OmarShakti, un rico dueño de plantaciones de algodón y de dudosa reputación. No conoce a Jackson Elías en persona ni sabe nada de su paso por la ciudad.

Una visita obligada era el callejón de los Chacales por la carta manuscrita encontrada antes de partir de Estados Unidos. Sin embargo el lugar es un solar ennegrecido frente al que todos los transeúntes hacen signos y rezan como protección contra el mal. Se comenta que hace unos cinco o seis años bajó un demonio y destruyó la tienda. Se supone que el tendero sobrevivió aunque con terribles quemaduras y reconstruyó su negocio junto al zoco de Khal el Khalili en la calle de los Alfareros. Al visitar el lugar, el grupo encuentra una pequeña tienda de antigüedades, pero el hombre se muestra muy alterado y asustado cuando quieren hablar con él sobre la expedición Carlyle. Un seguimiento permite averiguar que el hombre recala en una cafetería cercana tras salir de su negocio y que le están vigilando en la tienda. Una nota hace que finalmente se decida a hablar por un precio adecuado (y alto), al día siguiente en una de las mezquitas más importantes de la ciudad.

Procede del blog corazonesafricanos

Al día siguiente visita al museo de El Cairo. Los eruditos del grupo quieren ver qué pueden averiguar sobre los tres lugares de excavación que visitó la expedición Carlyle. Como nota interesante, hay algunos libros con comentarios de corte ocultista escritos por Ali Kafur, uno de los conservadores del museo. Como en ese instante el hombre está ocupado, deben volver por la tarde.

Antes de eso, van a ver al tendero. El hombre informa que Carlyle buscaba información sobre el faraón negro, cuyo reinado terminó con la ascensión de Snefrw, el primer faraón de la conocida como IV dinastía. Él tenía un pergamino donde aparecía la ubicación de su lugar de reposo eterno y conocía la ubicación de un busto del faraón negro, un tamboril cubierto de extraños símbolos que se decia poseía algún tipo de poder y un extraño aro con un zircón grande que se decia era la clave del poder del faraón negro y su triunfo sobre la muerte. Por encargo de Carlyle, los objetos fueron robados de la casa de Omar Shakti, al parecer sumo sacerdote en Egipto de la hermandad del faraón negro y los vendió a Warren Bessart, el tratante que hacía de intermediario con Carlyle. La hermandad podría estar involucrada en el robo de una momia de la expedición Clive y el hombre sabe que quieren un objeto de la mezquita ibn-Tulun, pero no sabe qué es ni por qué lo quieren.

El tiempo corría y los investigadores dejaron al tendero para visitar al conservador del museo. Ibn-Kafur tiene información interesante y les habla sobre Nefren Kah, un poderoso hechicero capaz de destruir a alguien con solo desearlo y que llegó al final de la III Dinastía a Egipto procedente de Irem, la ciudad de los pilares, en Arabia. Revivió el culto al faraón negro en tierras egipcias y pronto se le asoció al faraón tanto como para que se convirtieran en una misma persona. Este faraón erradicó a los sucesores de Djser hasta borrar su recuerdo y reinó sobre el Nilo hasta que Neferw, ayudado por la magia de Isis, le derrotó e instauró la IV Dinastía. Se construyó una pirámide para él, se especula que para aislar al mundo de la magia del cadáver, pero esta pirámide situada en Meidum se destruyó con la construcción de una segunda pirámide, la pirámide torcida de Dashu. Los papiros dicen que el cuerpo fue enterrado en Dashur y que una segunda pirámide llamada la pirámide roja, fue erigida para velar que no se perturbara el descanso del hechicero en la otra pirámide. Sus adoradores fueron expulsados más allá de Sudán, aunque se rumorea que la reina Nitocris pudo estar aliada con el culto. También se dice que otro de los nombres de este faraón negro era Nyarlathotep...


Varias leyendas hablan también de esto. Una de ellas dice que este ser forma parte de un panteón de dioses abominables dedicados al caos y la locura más absoluta. Otra dice que Nefren-Kah poseía una bestia que se intentó representar de forma algo incorrecta en la forma de la Gran Esfinge. También se dice que la voz de Nefren Kah puede recorrer el país y destruir las cosas a voluntad del mago. Y una profecía también proclama que el faraón negro retornará dedos y pies después del gran hombre bueno. Los adoradores están bajo tierra en el desierto y atacarán a cualquiera que intente frustrar sus planes. 

Ante esto, uno de los investigadores sufre una especie de revelación. Esos seguidores son los llamados Hijos de la Esfinge, seres antropomórficos con cabeza de animal.

Sobre la momia, el conservador cree de forma firme que se trata de Nitocris, la momia había estado desaparecida todo este tiempo y cree que ha sido robada en relación con todo lo que rodea al supuesto regreso del faraón negro. También cree que la expedición Carlyle descubrió algo relacionado con el culto al faraón negro y por eso les mataron en Kenia. Penhew, alguien a quien el conservador respeta mucho, investigaba lo relacionado con la figura del faraón negro antes de morir. En su última visita en tiempos de la expedición, el hombre notó que el británico parecía más joven, más cruel y cambiado. También sabe que se han hecho diez expediciones desde entonces por parte de la fundación y que todas se han saldado con muertes, desapariciones y un caso clínico de locura.

Al día siguiente, una vez asimilado todo esto, el grupo visita la embajada francesa con el fin de intentar localizar a Warren Bessart. Al parecer tiene su domicilio conocido en la calle de los Escorpiones que, como rasgo distintivo, tiene una puerta roja. Al ir al lugar, encuentran que la tienda es de un negocio de ropa y pertenece a Abu Udriz. El hombre que atiende a los clientes no quiere hablar de Warren, pero su significativa mirada a la parte posterior del local dan a entender que debe ocultarse en la parte de atrás. Allí, lo que debería ser la trastienda o el almacén es en realidad un espacio de habitación sucio y maloliente donde el tal Warren está fumando opio o hachís. El tipo intenta escapar, pero es reducido y finalmente parece decidido a hablar a cambio de una buena cantidad de dinero. 

Esta conversación, en forma de ayuda, fue lo último que los investigadores descubrieron durante la sesión, cerrando un día productivo pero que dejaba igualmente una serie de interrogantes. Todavía no sabían qué se ocultaba en la mezquita pero era prioritario conseguirlo y tampoco podían estar seguros de dónde sería bueno ir a investigar en primer lugar. Había varias opciones en la forma de pirámides, lugares que serían peligrosos tanto por los sectarios de la hermandad del faraón negro como por la presencia de esos hijos de la Esfinge... mucho en lo que pensar de cara a la siguiente sesión. Entonces veremos qué pasará a continuación...

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