lunes, 17 de junio de 2013

Club del Pentagrama: Las Máscaras (VII)

Por fin el momento más esperado hasta la fecha en la campaña: llegamos al final, o a lo más parecido a uno que se hemos podido conseguir, de nuestra etapa londinense. Recordad, como digo siempre aunque parezca demasiado redundante, a partir de aquí hay SPOILERS, así que mejor que si alguien va a jugar la campaña no lea esto.


En la anterior entrada, el grupo de investigadores había decidido espiar los movimientos de Gavigan y lo que rodeaba a la fundación Penhew ahora que estaban convencidos que no eran trigo limpio y habían regresado de descubrir el misterio del supuesto hombre lobo en la campiña inglesa. Seguir al camión que hacía las entregas del misterioso material procedente de Shangai, llevó a varios miembros del grupo hasta el puerto, donde habían dado con el muelle de carga del que procedían las entregas. El investigador que se había acercado a indagar descubrió además una caja de grandes proporciones que le llamó inusualmente la atención, posiblemente por el tamaño respecto al resto.


Al regresar, se organizó una incursión y el trío de personajes más preparado para infiltrarse fue el que se deslizó sobre el muro y entre las cajas de la zona portuaria. En el almacén no había nadie ni nada especial y la caja había desaparecido. Dado que el camión seguía en su lugar y el motor estaba frío, el único lugar donde podían haber desplazado la caja era a un carguero a vapor anclado en el muelle en cuyo interior sí se podían ver algunas luces encendidas, señal de que allí sí había alguien. Las cajas que había en el almacén, por otro lado, seguían procediendo de Shangai a juzgar por las etiquetas. El siguiente paso lógico era echar un vistazo a las bodegas del carguero y descubrir qué era la caja. En el primer compartimento de carga no estaba, pero hubo suerte y sí se encontraba en el segundo. Su interior incluía piezas variadas como un altar de piedra, una figura de algún tipo de ser mitológico y otras piezas de menos entidad pero cuyo uso era totalmente desconocido. En las otras cajas parecía que se contenían piezas metálicas de máquina, los investigadores se llevaron varias para ver si podían decirles algo sobre su uso y abandonaron el lugar sin más percances.

La tarea más ardua fue seguir estudiando los movimientos de Gavigan. Aparentemente seguía cierta rutina, sin flaquear, lo cual parecía a punto de hacer perder los nervios a más de uno que notaba cómo el tiempo iba pasando sin que ocurriera nada y sin tener suficiente información como para decidir que fuera conveniente eliminar al individuo. Era peligroso, eso estaba claro, pero el problema estaba en que el grupo seguía sin saber qué era lo que se traía entre manos y acabar con él haría que esa información se perdiera para siempre. Pero una tarde al fin ocurrió algo inusual, ya cuando estaban llegando al fin del mes de febrero y los investigadores consideraban más seriamente la posibilidad de eliminarlo y marcharse hacia Egipto.

Gavigan apareció con una maleta, algo que no solía llevar consigo y, cuando salió de la fundación, se encaminó hacia la estación de trenes. Su destino era una pequeña población al norte de la city, donde un coche le recogió y le llevó hasta una propiedad cercada en el campo. Era el lugar, el hecho de que estuviera apartado de todo y bien cercado parecía confirmarlo. De ese modo, el grupo se reunió en la población con el material necesario y se encaminó en la noche de vuelta a la propiedad, a la que accedió saltando el muro una vez el coche hubo quedado a buen recaudo a cierta distancia.


La propiedad estaba situada en un territorio, la mitad de su extensión anegada por el agua marina y la otra mitad convertida en marjales merced al agua que se había filtrado a través de los diques de contención. En el centro, en una especie de isla unida a la entrada del lugar por un muro con un puente, se elevaba la mansión. Usar el puente era imposible pues tres figuras vigilaban desde la entrada de la mansión y no había donde ocultarse, de modo que hubo que adentrarse por el marjal y llenarse de barro hasta el cuello, literalmente, para conseguir llegar al otro lado. Una vez allí, el sonido de cánticos y algo de luz hizo que los investigadores dirigieran su atención a un lateral de la casa donde un grupo de individuos con túnicas y fez sobre la cabeza estaban en medio de un ritual en torno a un gran número de víctimas que acababan de sacrificar entonando cánticos en lenguaje desconocido. Un obelisco era el único elemento decorativo. Gavigan, como era de esperar, parecía ser el que dirigía el rito con ayuda de otros tres acólitos.

Procede de alienSpecies wikia

El intercambio de disparos que vino a continuación hizo que los investigadores se llevaran por delante a Gavigan, principal objetivo de aquella incursión, pero trajo consigo la aparición de unos elementos imprevistos en la forma de dos shantaks, seres enormes con una cabeza similar a un caballo, dos patas con garras y alas, que se materializaron aparentemente de la nada y atacaron a los recién llegados, que hubieron de replegarse sin saber bien cómo atacar a aquellos seres y superados ampliamente en número. 

Como todo el mundo supone a estas alturas, esta pequeña victoria sobre la secta de Gavigan se cobró su precio y tres investigadores cayeron intentando poner tierra de por medio una vez visto que no podían vencer a esta recién llegada amenaza alienígena y mucho menos a la horda sectaria que los acompañaba. Resultado agridulce pero al menos un paso más hacia delante. 

Siguiente destino: El Cairo.

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