lunes, 3 de junio de 2013

Club del Pentagrama: Las Máscaras (VI)

Regresamos a la carga, hay que resolver el misterio de los asesinatos de esas pobres gentes durante las noches de luna llena y parece que ya la cosa se va encarrilando en una única dirección posible que ya se intuía en la entrada anterior. Como siempre recordaros que os agarréis bien, a partir de aquí comienzan los spoilers y después no digáis que no se os advirtió...



Pues sí. Vista la documentación aportada por la "visita" a la casa parroquial del pueblo, solo quedaba un lugar en el que todavía el grupo no había preguntado: la casa del noble. También había que traducir el grueso libro del sacerdote, pues estaba en griego que era un idioma que ninguno de los presentes conoce. Mientras alguien se encarga de buscar a un experto que pueda hacer el trabajo y consigue el resultado, sigue una visita nuevamente a la casa parroquial, donde el sacerdote está dando parte a la policía del robo en su casa y los principales sospechosos son los investigadores... no porque les hayan visto entrar en la casa (de ser así directamente les habrían encarcelado) sino porque son los forasteros del pueblo y obvio mochuelo a quien culpar de cualquier suceso no usual. Sin embargo, al no haber pruebas de ningún tipo, la cosa no pasa a mayores y ya se cuidarán de no armar más ruido para no llamar más la atención de las autoridades locales. Eso sí, el sacerdote dejó caer la información de que el noble tiene también una hija, que aunque no suele dejarse ver normalmente en el pueblo sí baja a misa los domingos.

Al día siguiente, la traducción no ha venido todavía y el el resto comienza a vigilar los terrenos de la mansión con el fin de intentar acercarse al lord o a su hijo Lawrence cuando salgan de casa. Finalmente la paciencia se ve recompensada cuando el joven señor decide bajar al pueblo y recalar en el pub para tomar algo allí. Pese a todos los intentos, el hombre se muestra hosco y cerrado, dejando entrever que sabe más de lo que dice y sin ánimo de querer compartirlo, por lo que la conversación es infructuosa. Habrá que pensar en algo para el día siguiente.

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Las revelaciones llegan al final de la mano del libro en griego, donde hay escritos del sacerdote de información que ha ido reflejando con el paso del tiempo. Los fragmentos más interesantes se refieren a que el prelado está preocupado por el noble, ya que su familia fue hace mucho víctima de una maldición, al quemar uno de sus antepasados a una bruja en la hoguera. Esta malvada hechicera maldijo a la familia a que todas las hijas nacidas mujer de la familia serían las portadoras de la maldición y cada vez que hubiera luna llena ellas se transformarían en hombre lobo, convirtiéndose así en una amenaza para cualquiera. Fue entonces cuando las piezas comenzaron a encajar, sobre todo la escena vista por el vecino de una de las víctimas del noble alejándose de la casa con el rostro descompuesto... posiblemente tras haber visto lo ocurrido o al menos una parte e intuido el resto. Al parecer, según los escritos del sacerdote, es imposible levantar la maldición que pesa sobre la familia, por lo que hay que tomar una decisión aunque en la última luna llena no haya habido más víctimas.

Decididos, los miembros del grupo presentan sus respetos nuevamente en la casa nobiliar y entregan una tarjeta donde, por su parte posterior, indicaron que sabían lo que ocurría con la joven dama. Esto hizo que el señor del lugar finalmente les recibiera a la hora del té y pudieran hablar con él del asunto. Al parecer el drama familiar había quedado como una leyenda pues hacía mucho que la familia no tenía descendencia femenina directa. También hay un dato anecdótico y curioso: de esta noble familia inglesa descienden los Carlyle, y por tanto el desaparecido y posiblemente fallecido mecenas de la expedición que sigue el grupo tiene allí sus raíces. Regresando al asunto, solo hay dos posibilidades: dejar que la joven viva o acabar con ella. El grupo está dividido en cuanto a qué hacer, pero al final se impone la compasión dado que la chica no tiene la culpa de sufrir tan horrible sino y están seguros que la familia hará lo que deba hacer llegado el caso. 

Con esta triste premisa, regreso a Londres para retomar el asunto Gavigan una vez las aguas se han calmado un tanto. Tampoco hay más datos sobre Tewfik y las desapariciones en torno al club Pirámide Azul.

Gavigan tiene un apartamento de lujo en una de las zonas céntricas de la ciudad, pero una rápida incursión da a entender que allí no hay nada más que lo que se supone que debe haber, lo que cabe esperar de alguien con la posición del director de la institución. Seguramente tenga un lugar donde mantiene oculta toda su "cara oscura" pero ese no va a aparecer en el registro del catastro local ni mucho menos.

Así y todo alguien piensa otra opción: vigilar la institución y los camiones que entran y salen de allí y esa noche, cuando están montando guardia, siguen a un camión que ha dejado mercancía. El camino les lleva hasta la zona portuaria, dentro de una de las partes menos agraciadas de la ciudad, donde hay un almacén bien custodiado. Todavía no se sabe qué hay allí pero todo apunta a que puedan encontrar alguna pista que les aproxime a su meta si se andan con ojo. 

Y así, vigilando el almacén e intentando descubrir una forma para acceder a él con ciertas garantías de no ser descubierto, terminó la sesión de este día, más movida que la anterior y bastante más larga, prometiendo novedades para un futuro bastante próximo.

Continuará...

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