jueves, 18 de abril de 2013

Puerto Humano, de John Ajvide Lindqvist

Y aquí andamos... de vuelta con un autor conocido sobre todo por su obra llevada al cine titulada "Déjame Entrar", que fuera versionada posteriormente por la industria hollywoodiense con pobres resultados respecto al original, según las críticas. El señor John Ajvide Lindqvist forma parte de esta hornada de escritores nórdicos que comenzaron a hacerse conocer más a raíz del boom de la literatura de intriga y suspense nórdica que comenzara con Stieg Larsson. No quiere decir esto que el resto de autores no den la talla, nada más lejos de la realidad, pero gracias a este señor y al éxito de su trilogía hemos podido conocer otros grandes nombres como Assa Larson, Camila Läckberg y al propio John Ajvide entre otros. El suspense de calidad ya no solo tiene nombre angloamericano y nuevos autores comienzan a despuntar dentro del género, por suerte para los amantes de este tipo de libros.

John Ajvide Lindqvist, nacido en 1968 en Blackeberg, trabajó como ilusionista y cómico durante doce años antes de dedicarse a escribir.Su primera novela, que no es otra que Déjame Entrar (2004), disfrutó de un gran éxito en Suecia, algo que se repetiría con su siguiente obra, Descanse en Paz (2005), y posteriormente con el resto. Sus obras acabaron por trascender las fronteras del país y actualmente se publican en multitud de idiomas por todo el mundo. Aparte de escribir novelas, también ha trabajado como guionista y fue el encargado de adaptar su propia obra Déjame Entrar para la gran pantalla en su edición original, entre otras. Lindqvist es un escritor eminentemente de novelas de suspense y terror, con influencias de obras como Carmilla, y se puede también apreciar que lo ha sido la muerte de su padre, ahogado en el mar, un elemento que aparece en varias de sus obras. Hasta 2008 no comenzaron a publicarse en España los títulos de este autor sueco. El primero en ser publicado fue Déjame Entrar (2008); posteriormente lo haría Descansa en Paz (2010) y la más reciente es Puerto Humano (2012), de la que trata esta reseña. Todas han sido editadas por Espasa, en formato rústica con solapas. 


Concretamente, Puerto Humano consta de 448 páginas numeradas. Su portada peca de sencillota y poco atractiva, tanto por el colorido como por el diseño en sí, aunque cuando se empieza a leer la trama se entiende el por qué de la elección.


La historia traslada al lector a la isla de Domarö, un lugar ideal dentro de la costa nórdica para ir de vacaciones y que se ha convertido de la típica aldea de pescadores en un lugar de veraneo que apenas tiene vida más allá de la estación estival. Este lugar tan idílico no está exento de sus pequeñas y grandes tragedias, como todo lugar asociado al mar. Será aquí donde Anders, felizmente casado con la encantadora Cecilia y padre de Maja vea rota su tranquila vida conyugal la mañana en que deciden visitar el faro del pueblo aprovechando la gruesa capa de hielo que cubre la superficie del agua. La desaparición de la pequeña Maja causará la ruptura del hombre con su pareja y su caída en barrena hacia la depresión y el alcoholismo, algo que pretende superar regresando de nuevo a Domarö y haciendo frente a su pasado. Sin embargo, este pasado también se hará presente cuando se descubra que esta desaparición no ha sido la única acontecida en tan extrañas circunstancias en la isla y un anciano prestidigitador llamado Simon y enamorado de la abuela de Anders, Anna-Gretta, atará cabos a su vez sobre los extraños sucesos que afectan a la localidad y a sus verdaderos habitantes, aquellos cuyas familias siempre han vivido en el pueblo. Estos sucesos, hasta el momento ocultos por los que conocen el pasado de Domarö, acaban por aflorar debido a la extraña cadena de acontecimientos que se inicia con la aparición del cadáver de una mujer que se creía ahogada hacía bastante tiempo... pero que se encuentra intacto, posteriormente serán otros hechos los que alertarán de que las cosas se están poniendo realmente mal y todo debe tener un fin ya sea en un sentido u otro. A su vez, la consecución de estos hechos decidirá el destino de Anders, para hundirlo definitivamente en su depresión o sacar lo mejor de él a flote y devolverle lo que le quitó.

La historia tiene un tono bastante melancólico, deprimido y triste, no en vano gira en torno a alguien cuya vida es un calvario. También es bastante lenta en cuanto a avance, no siendo significativo hasta llegar a superar el centenar de páginas y en ningún momento llega a ser trepidante, sino que mantiene más o menos un ritmo medio a partir de que se va acercando al desenlace con multitud de flashbacks para enhebrar los diferentes momentos temporales. En líneas generales estos saltos en el tiempo no suponen un problema para entender la historia y se pueden seguir con facilidad dado que no hay demasiados personajes relevantes en la historia. Interesante es señalar que aquí también tiene relevancia el mar y no tan solo como tal sino como una entidad con su propia identidad. En bastantes aspectos recuerda a una de las obras de Stephen King siguiendo el cliché de hombre destrozado que echa su vida a perder y no tiene más remedio que afrontar lo que está por venir y que debe enfrentarse a una serie de extraños fenómenos cuya consecución puede ayudarle... o no. También se aprecia cierta reminiscencia, aunque menor, a Lovecraft y su terror cósmico, un miedo a algo invisible, difícil de aprehender, una entidad más allá del conocimiento.

Aunque el autor intenta crear una atmósfera de terror, realmente Puerto Humano no deja de ser más bien una relación de lo grotesco y la autodestrucción, como mucha de las obras de King, quedando más bien como un relato de intriga y suspense que no causa en ningún momento el más mínimo sobresalto. Se trata más bien de una obra que gira en torno a un único individuo, Anders, y la lucha contra sus propios demonios que puede gustar a todo aquel que haya disfrutado con Déjame Entrar y Descansa en Paz, más macabras estas dos, así como a los seguidores del gran escritor de terror Stephen King, pero que nadie espere brillantes escenas de acción o sobresaltos sino más bien tristeza y oscurantismo mezclados con ciertas dosis de terror clásico a un ritmo pausado como la lluvia, cargada de melancolía como el otoño.

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