lunes, 4 de febrero de 2013

Club del Pentagrama: Asaltando Madness in London Town (I Parte)

Y sí, primer mordisco en serio realizado al módulo que proyectamos para jugar en fin de año. Después de esa sesión, no apta para cardíacos, continuamos la aventura londinense en mayor profundidad y ya con todo el grupo más en serio. Es por eso que hasta ahora no ha habido ninguna reseña de la partida, era preferible reunir esa primera sesión, más corta y confusa, con una segunda ya más asentada. 


Cuidado, a partir de aquí comienzan los consabidos SPOILERS...


La historia comienza con un viaje de placer a Londres para asistir a la inauguración de una exposición de arte romano en el Museo Británico invitados por el doctor Vernon Whitlow. Tras un viaje sin problemas, un misterioso telegrama del doctor pone sobre aviso de que algo no va bien, pero es imposible hablar con Whitlow hasta que ponen pie en el propio museo, caída la noche y con la velada comenzando a arrancar. El tiempo es desapacible. Llueve y hace frío, pero no es tan extraño teniendo en cuenta que esto tiene lugar el día 18 de diciembre.


Arranca la velada. Entre todos los que pululan por el lugar, invitados tanto del personal del museo como de entre los benefactores y donantes, Vernon hace una breve aparición antes de ser absorbido por los invitados. La charla habrá de esperar a después de la cena. De todos modos aprovecha para saludarles y darles la llave de su apartamento por si después necesitasen algo de allí o pasar por allí a recoger alguna cosa. El resto del tiempo fue aprovechado para conocer a algunas personas en la gala, conversaciones más o menos intrascendentes y tomar algunas copas y servirse algunos de los canapés y cenar con tranquilidad en la galería superior del ala norte, el lugar donde está la exposición en sí, o caminar y echarle un vistazo a la estatuaria allí expuesta.


La cosa se complica cuando Whitlow reaparece repentinamente y, tras proferir unas extrañas frases, se degüella a sí mismo frente a todos los horrorizados presentes. Poco más se podía hacer allí tras el paso de la policía y el levantamiento del cadáver. Los investigadores decidieron, no obstante, pasar por el apartamento del finado por si había algo allí que les explicara el motivo de tan precipitada muerte.


El apartamento estaba todo patas arriba, pero pudieron sacar varias cosas en claro de allí. La más interesante, una llave que les iba a permitir acceder a un lugar por lo demás difícil de visitar: las oficinas del sótano bajo el ala norte del museo. Bajo la lluvia inclemente, el grupo partió rápidamente a visitarlas, antes de que cualquier posible pista presente se hubiera enfriado y se convirtiera en un callejón sin salida. La visita no trajo muchos datos. Tan solo un par de oficinas, una de ellas tan desordenada como el piso de Whitlow, y el descubrimiento, casi fatal para el grupo, de que de alguna manera dos felinos procedentes de sendos dioramas que estaban almacenados en una gran sala les atacaron hiriendo de consideración a todos y casi acabando con la vida de uno de ellos. Esta situación descontrolada, y la hora, hicieron que la partida quedara parada en ese punto desde Fin de Año y sería a partir de ese punto, con los investigadores siendo atendidos en el hospital, que otros tomarían el relevo más recientemente...

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Y aquí retomamos de nuevo. El segundo grupo de investigadores, conocidos de los hospitalizados, fueron alertados por sus compañeros y puestos en antecedentes. Tras volver a tomar en consideración todas las pistas, regresaron al museo esa misma noche, contrarreloj, para intentar terminar de investigar los despachos. Esta vez, evitando la sala de almacenaje, pudieron echar un ojo a los dos despachos restantes e hicieron un macabro descubrimiento: el cadáver de Christopher O'Donnell que se encontraba oculto en el armario del pasillo, aparentemente huido de su despacho y huyendo de algo que acabó con su vida merced a las terribles heridas de su abdomen. También encontraron algunas cosas en el despacho del jefe de conservadores: un panfleto del museo de cera, una caja de tizas de colores, una pluma de oro, un calendario con un día señalado y una petaca de whisky.


Al día siguiente, tras un buen desayuno, el grupo decidió dividir fuerzas. Una parte de ellos fue al museo de nuevo donde comenzaron a investigar en la biblioteca, donde encontraron un misterioso libro llamado Sera Altaria que les mantuvo ocupados casi todo el día, impidiendo que pudieran realizar cualquier otra actividad hasta casi la hora de la cena.


Mientras tanto, el otro grupo fue al museo de cera de Zephram, forzaron la entrada y accedieron al recinto. Allí fueron sorprendidos cuando una de las figuras de la célebre Cámara de los Horrores intentó acabar con sus vidas, pero iban mejor preparados y pudieron abatir al muñeco sin muchas contemplaciones. También fueron sorprendidos por dos individuos que se encontraban en la sala donde los tanques de cera se mantenían hirviendo para verter en los moldes, pero igualmente pudieron despacharlos sin demasiadas ceremonias. Una vez eliminados los posibles problemas, y con la policía posiblemente en camino si se habían escuchado los disparos, investigaron rápidamente la sala y a los caídos para descubrir una nota y una tarjeta de visita con una dirección escrita a mano en el reverso. Armados con esta información, regresaron junto a sus compañeros y compararon notas. También se enteraron que a la mañana siguiente se celebrarían unas exequias por Whitlow en el cementerio, a la que debían acudir para presentar sus respetos al difunto y tal vez encontrarse con ciertos individuos que comenzaban a perfilarse como sospechosos. También estaba por ver a qué correspondía la dirección encontrada en la tarjeta... varios frentes abiertos y el reloj corriendo en su contra si querían evitar lo que al parecer iba a ocurrir a no mucho tardar. Pero el día se había terminado y también era ya hora de terminar la sesión aprovechando el impass. ¿Qué nuevas sorpresas traerá el próximo día?

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