jueves, 31 de enero de 2013

Los Caballeros de Myth Drannor, unos peculiares héroes

Regresando a ese gran tema de mis sagas por completar, en septiembre aproveché el estupendo bajón de precios para hacerme con el tercer libro de una saga que tenía pendiente de completar pero por diversas, y oscuras, razones no había llegado a adquirir hasta el momento. Regresando a una de mis temáticas favoritas, toca hoy por tanto presentar a un grupo de héroes muy poco convencionales, presentados por una de las plumas clásicas de la literatura fantástica, Ed Greenwood. Se trata de los Caballeros de Myth Drannor.

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Greenwood, nacido en 1959, es un gran conocido para todos los amantes de la literatura fantástica y los juegos de rol en particular dado que es el creador de los Reinos Olvidados, tal vez el escenario de campaña de Dungeons & Dragons más conocido y del que más material se ha publicado, tanto en el juego de rol como en novelas de varios autores, de calidad variable como suele ser común. Ed comenzó a escribir sus primeras historias en torno a 1967 cuando vivía en Toronto. Que conociera en 1975 Dungeons & Dragons haría que comenzara a diseñar sus propias campañas usando este sistema de reglas, siendo la primera en la conocidísima Aguas Profundas. Después comenzaría con otro grupo que serían los Caballeros de Myth Drannor, cuyas andanzas se desarrollarían en el Valle de las Sombras. En 1987 crearía junto a Jeff Grubb el escenario de campaña oficial para Reinos Olvidados y esto solo sería el germen de todo un mundo que seguiría expandiéndose en gran cantidad de novelas, donde se destaca la saga de Elminster, Cormyr o Shandril (del que solo se traduciría Fuego Mágico), entre su gran cantidad de publicaciones escritas mientras sigue ejerciendo como bibliotecario.





Los Caballeros de Myth Drannor fueron publicados entre 2006 y 2008 en Estados Unidos y llegarían a lengua castellana entre 2008 y 2009 de la mano de Timun Mas, que siempre ha sido la encargada de traer las novelas de Wizards a las librerías españolas. La edición elegida fue el cartoné ilustrado a todo color en los tres casos y no se ha hecho hasta la fecha reedición alguna en rústica o en bolsillo. Las tres portadas muestran al grupo de aventureros durante las distintas aventuras relatadas en cada uno de los tres libros, todas ejecutadas con el cuidado propio de las publicaciones de Reinos Olvidados en general.


Espadas de la Noche, que abre la saga, nos presenta al grupo de héroes, cómo consiguen la cédula de héroe por salvar la vida del propio rey de Cormyr, Azoun Obarskyr y sus primeros avatares como héroes del reino. Básicamente se trata de presentar a los héroes, cómo se conocen desde que se conforma el núcleo original de los Caballeros hasta la sucesiva incorporación del resto de los miembros que llegaría a ser al final.


Espadas de Fuego de Dragón constituye la segunda entrega de la saga. En ella los leales Caballeros deberán desbaratar una conjura contra el gobierno de Cormyr dirigida por varios grandes nobles y ayudados por la magia... así como por una hueste de gusanos mentales para controlar a otros y unirlos a su causa. Como siempre, las audaces peripecias de los héroes les harán salir bien parados de este lance, aunque sigan sin ganarse la simpatía de gran parte de la nobleza o del gran mago de la corte Vangerdahast.


La Espada Nunca Duerme relata una nueva entrega de aventuras. Los Caballeros marchan fuera de Cormyr hacia el Valle de las Sombras portando un amuleto entregado por el mago real. Sin embargo, sus enemigos se multiplican. Unos quieren el amuleto, otros solo venganza. Mientras tanto la joven Alusair Obarskyr quiere forjarse su lugar en el reino y no ser tan solo un objeto decorativo. Magia, combates y muchas aventuras cierran esta tercera y última entrega hasta la fecha de los héroes.

En general las tres obras mantienen el mismo esquema. Usan un lenguaje lo más cercano al público posible y parecen más la narración de una partida de rol que una novela en sí, tanto por la forma de comportarse como por las descripciones, o mayormente la falta de ellas, que se sucede. También es destacable la cantidad de saltos entre escenarios que hay constantemente, lo cual hace confuso seguir bien la historia y se convierte en todo un desafío ir recordando cada una de estas minihistorias imbricadas cuando se regresa a ellas dada su profusión. Sin duda, todas acaban desembocando en un punto común al final del libro, pero su seguimiento da más de un dolor de cabeza. Otro rasgo interesante es la extraña falta de criterio a la hora de traducir o no apellidos y lugares, dado que unos se traducen al castellano y otros no. Teniendo en cuenta que siempre ha sido una misma editorial la que ha traído estas obras, habría sido esperable una unificación de criterios, a ser posible que NO se tradujeran estas palabras si se pudiera elegir especialmente en lo referente a apellidos, cosa que se aquí ocurre de forma un tanto caótica pues unas veces se traducen y otras no. Aunque no hay faltas de ortografía, sí hay fallos, y bastantes, en el texto. No voy a poner ejemplos porque quien lo haya leído posiblemente habrá pillado alguno de estos gazapos, que si bien no hacen imposible la lectura, sí desmerecen a un texto sin faltas de ortografía reseñables.


Comparando con la saga Cormyr o Elminster, Caballeros de Myth Drannor peca de ser una trilogía muy simple en cuanto a argumento, sin destacar particularmente en nada salvo en el lenguaje cercano del autor, quedando en bastante segundo plano respecto a otras obras de literatura fantástica más actuales que se escapan de los clásicos clichés que aparecen en esta trilogía, algo que ya debería estar más bien superado sobre todo por su cercanía en el tiempo y la publicación de obras como La Rueda del Tiempo o El Nombre del Viento o Nacidos de la Bruma. Otras como las trilogías centrales de Dragonlance o Guerra de la Reina Araña están mucho más conseguidas que esta saga, más interesante para guardar como curiosidad que porque esté entre las mejores para ser leídas de la por fortuna abundante oferta de literatura fantástica de la que todavía disponemos.

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