jueves, 27 de diciembre de 2012

Fantasmas, un toque de terror de Dead R. Koontz

Un libro para Halloween, ¿qué podría leer? Hay tantos y tan variados, muchos que intentan ser algo pero al final quedan en agua de borrajas que cuesta decidirse. El terror es complicado, difícil de conseguir pues hay tantos conceptos del terror casi como personas y cada cual con sus propios miedos y cosas que se lo producen. La mayoría de los libros de terror del género no son sino una representación de lo grotesco en diferentes formas, o tal vez de lo desagradable y gore, por lo que cuesta mucho trabajo encontrar uno con el que pase auténtico terror, de esos que no te dejen dormir por la noche. Tras una búsqueda por varios blogs me llamó la atención este Fantasmas que ponían tan bien. Veamos qué tal ha resultado.

Imagen procedente de Escalpelo literario

Dean R. Koontz nación en Pensilvania en julio de 1945. Aunque tuvo una infancia difícil, ganar un premio literario a la edad de veinte años hizo que decidiera dedicarse a su vocación literaria a tiempo completo, llegando a conseguir en una ocasión el Bram Stoker de novela. Consiguió licenciarse en filología inglesa en la Universidad de Pensilvania y trabajó como profesor de inglés. Desde esa época ha escrito más de treinta obras, tanto de ciencia ficción como de terror y suspense y algunas bajo pseudónimo, que han sido traducidas y vendidas por millones en todo el mundo e incluso algunas de estas historias, como en el caso del prolífico Stephen King, han sido llevadas al cine y la televisión.


Fantasmas fue publicado en 1983, aunque actualmente no he sido capaz de encontrar ninguna edición moderna, todavía quedan algunas en el mercadeo de segunda mano, especialmente las procedentes de la editorial Círculo de Lectores. Con un total de páginas que supera las 450, es una historia bastante larga aunque no por ello complicada. Su portada también es sencilla, donde tan solo un rostro de clara expresión maligna parece observar al lector.


Los hechos trasladan al lector al viaje que la doctora Jenny Paige y su hermana Lisa al idílico pueblo de Snowfield, donde ella ejerce como médico. Al llegar allí se encontrarán una pavorosa realidad: el pueblo parece estar completamente muerto, vacío de un instante a otro, sin explicación posible. Ni animales ni ningún tipo de ser vivo parece haber quedado allí salvo algunos cadáveres extrañamente mutilados que han muerto de alguna forma misteriosa y oscura. Tras conseguir, al fin, contactar con la policía, tanto unos como otros se encuentran impotentes para tratar con una fuerza que parece ser inmune incluso a las balas, por lo que tendrán que contar con la intervención del ejército y eso hace que el asunto, un secreto que no debía salir a la luz, acabe por saltar a la prensa y a un hombre cuyo nombre es la única pista que tienen en Snowfield: Timothy Flyte. Este hombre puede que sea el único que entiende la realidad de la amenaza, pero cuando llega a la ciudad ya es demasiado tarde para ser de mucha ayuda, aunque sí para aportar algo de luz a los presentes hablándoles de su teoría sobre "el antiguo enemigo" y cómo a lo largo de la Historia ha hecho su aparición con resultados semejantes. Sin embargo será la bióloga genetista quien sea capaz de arrojar luz sobre la verdadera esencia del ser y cómo intentar destruirlo... si antes no perecen en el intento. Tras el combate final, un epílogo de los supervivientes cierra el libro, momento en el que los protagonistas se preguntan acerca de la verdadera naturaleza del Mal, como si de una fábula moralista se tratara.

El estilo del libro es bastante directo, sin demasiados adornos, lo que hace sencilla su lectura y permite que quien se acerque a sus páginas pueda pasar mucho tiempo sin cansarse frente al libro con curiosidad. Los personajes son bastante planos, no hay demasiado lugar para matices de gris, sino que se presentan personas estereotipadas cuyos comportamientos, en ocasiones, rozan lo completamente absurdo. La historia en sí es algo lineal pero interesante, engancha, aunque su capacidad para infundir miedo decrece a pasos agigantados conforme avanza la historia hasta convertirla en algo pseudocientífico y una serie de disgresiones un tanto cogidas con alfileres sobre la naturaleza del "antiguo enemigo" o el Mal en general. En ese aspecto, será IT, publicada por Stephen King en 1986, quien tome una idea similar con un mayor y terrorífico resultado, aunque las similitudes entre ambas historias son bastante claras. También hay un aire lovecraftiano que impregna la historia, especialmente en cuanto al uso de un "terror cósmico", un ser extraño, atemporal, antinatural y desconocido que podría recordar a un shoggoth. Todo esto hace que la historia se acerque más a una obra de terror de tipo clásico que a una obra de terror contemporánea, donde lo desconocido es la fuente del terror, no tanto los hechos o pequeños sustos que se reparten por el libro, especialmente al comienzo como se ha dicho más atrás.

Por todo lo anterior, si alguien desea acercarse a este libro buscando un terror visceral, sería preferible que buscara otra historia, pues autores y novelas hay bastante más terroríficas que este Fantasmas. Sin embargo, alguien más interesado en una obra de corte clásico sí podría encontrar interesante la novela, pasando por alto sus pequeños defectillos, una lectura que pone de manifiesto por qué Koontz se ha convertido en bestsellers, más por la agilidad de la trama que por una verdadera profundidad o desarrollo de esta, su posible verosimilitud o el realismo de sus personajes.


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