lunes, 17 de diciembre de 2012

Club del Pentagrama de vuelta a Las Máscaras (II)

Hemos vuelto y queremos resolver este enorme rompecabezas, un puzzle que ha llevado a un grupo de personas desde Nueva York a Londres vía marítima, pasando primero por una parada en Escocia para regresar de nuevo a la pista principal... sea donde sea que les lleve. Cuidado pues, como en casos anteriores, hay spoilers en el horizonte.




El nuevo día no puede comenzar más movido. Una llamada despierta a los investigadores que descansan en su hotel. Al parecer, sus compañeros hospitalizados han sido víctimas de un intento de asesinato, aunque han conseguido noquear a su agresor, que se encuentra en manos de las autoridades competentes. Obviamente no está permitido visitar todavía a ambos convalecientes, pero los médicos aseguran al grupo que están bien y al día siguiente si todo evoluciona como está previsto, podrán verles. La policía ha apostado a alguien que vigile a ambos hombres y por ahora no tiene más datos que ofrecer, así que habrá que posponer averiguar algo más hasta el día siguiente.

Por el momento hay más cosas a las que prestar atención. De un lado, la sorprendente misiva del director Gavigan; de otro, la entrevista con el periodista Mickey Mahoney, concertada el día anterior; en tercer lugar, el asunto del cuadro y el compañero atrapado dentro; por último, conseguir datos sobre Dashur, el sitio al que parece ser que fueron a excavar los finados miembros de la expedición Carlyle.

Esa mañana se encontraron algunos datos generales sobre Dashur, su localización y la situación de las excavaciones en la zona, que englobaba un área en la que se habían encontrado varias pirámides: la falsa pirámide truncada, la pirámide roja y la pirámide negra, entre otras menores o en peor estado.

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Por otro lado, ya caída la tarde, la cita con el director Gavigan no trajo muchos más datos a los ya conocidos aunque sí aclaró algunos puntos. Al parecer, según el hombre, las piezas más interesantes estaban en el museo de El Cairo, eligieron mal el momento de ir a excavar, todo apunta a que se trató de una decisión de Carlyle; no sabe qué esperaban encontrar y sostiene que se fueron a Kenia después de su fallido intento de búsqueda de algo que prometía ser una revolución; también comenta, como más importante, la presencia de una mujer de color que parecía poseer una fuerte ascendencia sobre Carlyle y cuyas directrices eran las que se seguían de cara a la expedición, mujer que huiría con un suculento bote de 3500 libras esterlinas una vez la expedición estuvo en Egipto. Este último punto era algo que el director deseaba mantener en secreto para mantener el prestigio del buen nombre de su promotor y también para evitar un escándalo en que se viera envuelta la institución. A Jackson Elías le conocía, pero no le gustó que fuera a destapar los detalles escabrosos de la expedición, por lo que intentó mantenerlo alejado de cualquier cosa que pudiera provocar problemas. Poco más parecía dispuesto a decir.

Mientras tenía lugar esa conversación, el resto de investigadores se entrevistaba con Mahoney. Al parecer, conocía a Jackson Elías, sabía qué estaba buscando y que había estado en la biblioteca de la fundación Penhew. Al parecer, quería averiguar con certeza si había una secta en Londres y había encontrado tres recortes de prensa que pensaba investigar, aunque no encontró pruebas de que sus suposiciones fueran ciertas... o al menos eso era lo que sabía. Obviamente esperaba que, a cambio de su colaboración, pudieran darle algún titular jugoso para su periódico.

Por último, ya caída la tarde y tras cierta vigilancia en la casa, varios miembros del grupo decidieron infiltrarse en la casa del pintor y averiguar cómo sacar del cuadro a su compañero retenido dentro. Pero no pensaban que las cosas iban a salir como salieron... Entrar, entraron, sin problemas. Una vez dentro, ambos investigadores fueron cayendo, uno a uno, sin saber bien qué estaba ocurriendo y así fue hasta que llegó el tercero de ellos. Este vio a sus compañeros caídos y también fue interpelado por una voz a la que se arriesgó a contestar. Al parecer, en aquella casa vivía un hombre serpiente, un siervo de Yig que se apercibió de la marca que portaba el tercer investigador y cuya aparición contuvo su mano. Tras llegar a un acuerdo con el ser, que se marcharía a buscar mejores tierras, él podría sacar de allí a sus tres compañeros, los dos que estaban inconscientes y el retenido del cuadro. Al menos algo parecía que se había solucionado y de buena forma.

Y así terminó la sesión de juego, unas horas para toda una jornada en la ficción. ¿Qué nuevas deparará el día siguiente?

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