lunes, 26 de noviembre de 2012

El Club del Pentagrama visita La Marca del Este

Pues llegó el momento. Tras varios días de preparación, desde el martes que estuvo disponible la aventura, llegó la hora de la verdad. Las reglas han sido repasadas, el módulo revisado las veces suficientes como para que no sea necesario improvisar sin conocimiento de causa, las fichas están dispuestas y los dados sobre la mesa. Comienza la partida de La Marca del Este y se va a jugar la aventura especialmente creada y gratuitamente difundida para todos los seguidores de este conocido retroclón publicado por Holocubierta y creado por la mano de ese grupo de "irreductibles lorquinos" cuyas aventuras y reseñas continúan a la orden del día desde su blog.

Todo preparado para comenzar

¿Una de dinosaurios? Bueno, tal vez algo haya pero que nadie se deje engañar que dentro de esta aventura aguardan muchas sorpresas y duros desafíos para los esforzados héroes. El grupo está formado por Tom, el pícaro; Nicoleta, la exploradora; Krontar, el clérigo; y Valder, el guerrero.


La aventura comienza, como es tradicional, en la ciudad de Robleda. Nuestros héroes, antiguos compañeros de camino, deciden retomar sus andanzas para reponer un poco el oro de sus arcas que ha ido menguando con el paso del tiempo. Para tal fin deciden ir a esta ciudad, una de las más importantes en el Camino de la Mantícora, ruta comercial muy concurrida y normalmente necesitada de aventureros o mercenarios para acabar con bandidos y otras amenazas. 

Nuestra intrépida exploradora señala dónde está Robleda, quién mejor

Sin embargo parece que les va a surgir algo más interesante. Cuando salían de la taberna, unos guardias de la ciudad enviados por el señor Camil de Hojafuerte les piden que acudan a presencia del señor. Al parecer el Burgomaestre necesita un grupo capaz para ir hasta la Colina del Muerto, donde se encuentra la choza de la vieja Mara, y traer de vuelta algo que esta guarda para Camil. Si cumplen bien su cometido no solo habrán ganado el agradecimiento, y un pago en metálico, sino también la posibilidad de un segundo encargo con idénticas posibilidades de remuneración. Nuestros héroes aceptan y esa tarde la pasan preparándose para partir con las primeras luces del alba al día siguiente.

Combate en el pantano

El camino, embarrado y dificultoso, no guarda demasiadas sorpresas. El grupo recibe la ayuda inestimable de Riselna, semielfa guarda de vecería encargada de la Linde Norte de los vados y que les guía hasta un lugar seguro donde pernoctar y al día siguiente hasta las cercanías de Colina de Muerto evitando las complicaciones de la ciénaga. Sin embargo, una vez sus caminos se han separado, el sonido característico de metal contra metal llama la atención de los héroes. Hay problemas en algún lugar dentro de la ciénaga. Un hombre lucha solo contra un grupo de maleantes y otro hombre, al que aparentemente intenta proteger, yace detrás suyo. Al parecer, el aguerrido y solitario combatiente ha acabado con dos bandidos, pero otros cuatro prosiguen en su empeño de atravesar su guardia y acabar con él.

La ayuda de los recién llegados es inestimable (gran demostración de tiro con arco de Tom, especialmente) y en un momento consiguen acabar con los enemigos. El combatiente sigue con vida, tan solo rasguños, aunque el caído parece que ha muerto y está más allá de cualquier ayuda. El hombre se presenta como Thorbran y se ofrece a ayudarles en su misión. Se trata de un paladín de Valion. Con la compañía de esta nueva incorporación, llegan a la choza de Mara. La anciana vive en una casucha atestada de objetos extraños y su apariencia es cuanto menos insólita. El intercambio se produce sin complicaciones y el grupo recibe el objeto que vinieron a buscar, sin embargo la mujer les pide que echen un vistazo al túmulo cercano a su casa pues teme que algo maligno habite allí y pueda causarle daños. Obviamente, aceptan.



Uffff. Ciertamente Thorbran ya sabía que el Mal se encontraba entre estas paredes pero posiblemente no esperaba algo así. Tras encontrar la entrada y entrar en el túmulo, pudieron llegar hasta un pasillo con dos arcos, uno a cada lado, donde había varias tumbas. Dentro esperaban encontrar tal vez esqueletos o zombies... pero no dos poderosos tumularios que pusieron en jaque al grupo, que no tenía ningún tipo de arma, salvo agua bendita y la espada del paladín, para enfrentarlos. Menos mal que a Tom se le ocurrió que ese bulto tan alargado que les había entregado Mara podría ser una espada... y que lo era, y capaz de dañar a estos seres terribles especialmente en manos de alguien tan experto como Valder en su manejo.

Después de eso tocaba ver lo que había en la cámara principal... y menudo susto. Menos mal que Tom pudo apartarse antes de que un hambriento vampiro estuviera a punto de dejarlo completamente seco. En la cámara encontraron gran cantidad de armas y objetos que, sumados a lo que tenían los tumularios, se convirtió en un botín bastante sustancioso. Al final la misión no fue tan mal, aunque tanto Tom como Thorbran quedaron bastante debilitados por el contacto con los temibles no muertos del lugar.

Preparados de nuevo para partir

Llegada a Robleda sin mayores percances. Camil parece complacido cuando le entregan el arma en perfecto estado y les encarga un segundo cometido: acompañar a un grupito de soldados que escoltan una caravana a la población de Alameda, intercambiar allí algunos pertrechos y partir hasta el fuerte situado en Rocagarganta para llevar material y provisiones a las tropas. Los héroes aceptan nuevamente. Si pudieron con lo anterior, ¿por qué no con esto? Antes de irse, vuelven a proveerse de objetos útiles, entre ellos varios viales nuevos de agua bendita por lo que pueda pasar. Thorbran se despide de ellos, su camino le lleva esta vez en otra dirección, tal vez vuelvan a encontrarse en el futuro.

Nuestro Valder, a partir de ahora  conocido como el segador de bandidos

El camino no es especialmente duro, como en el caso anterior. Tan solo un escarceo con un grupo de bandidos (domeñado por la espada de Valder y las certeras flechas de Nicoleta y Tom) que intentaban asaltar a un grupo de comerciantes nirmalíes. Estos, agradecidos, entregan una ballesta de gran calidad al grupo antes de proseguir camino y hacer parada en La Fonda.


Llegada a Alameda. Tras tomarse un breve respiro y cargar de nuevo los carros, el grupo se encamina hasta su destino, el fuerte de Rocagarganta. Allí encuentran una actividad inusitada. Los guardias están en alerta y son necesarias bastantes conversaciones antes de que les permitan entrar con los carros. Al parecer, según cuenta Plinius a los recién llegados, ha habido problemas con los ungolitas, que han intentado asaltar el fuerte el día anterior a la llegada de la caravana. Hay patrullas en el exterior intentando acabar con los que huyeron y siguen diseminados por la zona antes de que se reagrupen y vuelvan a tener ocasión de intentarlo. Como hay bastantes túmulos, los guardias temen que usen alguno como base de operaciones, no tienen suficientes hombres para patrullar todo el contorno con la suficiente rapidez y no pueden dejar el fuerte expedito por si hubiera nuevamente problemas. Animados por el deseo de explorar esta zona, el grupo accede a hacer patrullas e inspeccionar uno de los túmulos.


Y así llegaron a la sombra de las montañas de Liafdag, donde dieron con el túmulo que les habían indicado. Tras una primera inspección, descubrieron algunas huellas, de modo que comenzaron a buscar la entrada al túmulo... pero sin éxito. O bien los ungolitas han sido muy buenos escondiendo su rastro, o bien nunca estuvieron allí. El grupo cree más probable la segunda opción, de modo que, tras informar de lo que han encontrado, emprenden camino de vuelta a Robleda, acompañados de un tiempo mucho más apacible. Recibidas las nuevas, el Burgomaestre hizo entrega de lo convenido, además de hacerles partícipes del reconocimiento y prestigio adquiridos por haber ayudado a las gentes de la ciudad.

Agotados y exhaustos, pero de una pieza por el momento, Tom, Nicoleta, Valder y Krontar han vivido para volver a pelear un día más. Quién sabe qué peligros les esperan cuando vuelvan a recorrer los caminos una vez más, pero lo que es seguro es que han ganado su tesoro y una considerable cantidad de Puntos de Experiencia. Por hoy, toca despedida, el módulo ha acabado y es hora de pensar en la cena y comentar los momentos más interesantes de la partida. Esperamos poder escribir una nueva aventura en no mucho tiempo, pero la sesión ha cundido y de qué manera.

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