lunes, 13 de agosto de 2012

El Club del Pentagrama en el Valle de la Muerte

Aprovechando que esta vez, debido a las fechas que estamos y demás, nos hemos reunido menos jugadores que en otras ocasiones, en lugar de continuar con la campaña de Nyarlathotep hemos decidido seguir con otra partida que teníamos algo más paradilla no por ser más aburrida sino más bien porque por la forma de ser de los jugadores y su número pensamos que sería mejor centrarnos en Cthulhu en primer lugar. Ahora regresamos con fuerza y con ánimo para terminar este paseo desde el Londres victoriano al Egipto colonial, nuestra particular película de "La Momia" pero en versión... 

Como ya se comentaba en este enlace, el grupo de investigadores viajó a Egipto buscando un Ankh especial que el faraón Sethmosis poseyó en vida, así como la momia del finado. Al parecer, el objeto posee poderes que podrían ser usados con fines malignos y es deber de todo buen caballero inglés hacer lo correcto (o eso dicen). Tras investigar la habitación del arqueólogo encargado de su búsqueda, y actual residente del manicomio local, así como reconstruir en la medida de lo posible sus pasos, el grupo encontró los dos trozos de papiro que conformaban el mapa hacia el lugar de descanso de la momia del faraón y, presumiblemente, el ankh maldito.


Y, érase una vez que se era, un grupo de viajeros ingleses que comenzaron su periplo por el desierto a lomos de sus camellos, intentando mantener el tipo en aquellas incómodas monturas bajo el inclemente Sol, dirigiéndose hacia el valle apartado donde el mal acechaba. El viaje transcurrió sin incidentes dignos de mención hasta llegar al valle en sí. El camino para acceder a él era un desfiladero estrecho, el lugar más apropiado para tender una emboscada... como de hecho ocurrió. Del frente, montados a caballo, un grupo de hombres del desierto comenzó a disparar sobre el grupo. Aunque pudieron ser repelidos, fue una victoria pírrica. El explorador y guía contratado por los extranjeros había caído y uno de ellos tenía el brazo inservible y no sería de mucha ayuda, salvo para guardar el campamento y poco más, hasta que no pudieran verle en un hospital de verdad, aunque su vida estaba fuera de peligro.


El desfiladero acabó en el valle, un lugar lleno de grandes rocas y fuertemente erosionado. Aunque al principio no parecía haber señal de posibles hostiles nadie bajaba la guardia después de lo ocurrido no mucho antes. Cualquier cosa podía suceder mientras se acercaban poco a poco al final de su camino, un punto en la pared opuesta del valle.

Procedente de haboob.net
Y efectivamente, desde ambos lados y el frente, un nuevo grupo de beduinos atacó poniendo en serios apuros al grupo. Su líder fue un reto particularmente duro hasta que cayó al fin, abatido, tras varias horas de combate y un sin fin de tiradas de dados. Aquel hombre expiró poco después. Solo dijo que eran guardianes de Osiris y que custodiaban la tumba maldita, que nadie debía acercarse o la muerte les llegaría. Obviamente el grupo creía que podía ser posible, dada su pertenencia a una logia ocultista, pero su misión era importante y debía llevarse a cabo.


La tumba no fue difícil de encontrar, pero sí desescombrarla y liberar la entrada, tapiada y enlucida, aparentemente intacta pese al paso de los siglos. Una inspección detallada muestra que está cubierta de jeroglíficos que invocan maldiciones para aquellos que perturben la paz del difunto. Tras tomarse un descanso, el grupo abrió primero un agujero pequeño y después lo agrandaron. En cuanto el primer soplo de viento entró en el interior, una bocanada de aire estanco y rancio escapó del interior y con él, unas palabras, las palabras que invocan al difunto para que regrese de entre los muertos.


Unas escaleras que se hunden en la oscuridad y pasillos que se inclinan en la misma dirección cubiertos por escritura jeroglífica donde se seguían detallando los conjuros y maldiciones contra los saqueadores,  condujeron a los investigadores hacia una antesala que a punto estuvo de causar la primera baja por la "maldición" o, en este caso, por las trampas dispuestas para los intrusos al hundirse el suelo bajo los pies del primer investigador, que se salvó gracias a la intervención de otro de sus compañeros que le sujetó a tiempo. La sala que estaba tras el umbral era magnífica, con pilares y llena de escenas del libro de los muertos. El rasgo más interesante era que el lugar donde debía estar el cartucho con el nombre del faraón estaba vacío.


En el siguiente pasillo, se detalla la vida del faraón. Cómo ascendió al poder tras suceder a su padre e intentó crear una nueva dinastía. Aquel hombre fue visitado en un sueño por Seth, que le prometió poder a cambio de que extendiera su culto. El faraón cerró el trato y pronto todos los dioses fueron prohibidos y sus sacerdotes asesinados y proscritos. Los impuestos recaudados servirían para levantar el templo más grandioso jamás construido en memoria de Seth y no habría ningún otro dios que pudiera hacerle sombra. Sus detractores fueron silenciados y finalmente el faraón se retiró de la vida pública para dedicarse al estudio de los escritos prohibidos de Imhotep. Ni sus esposas ni sus hijos querían estar a su lado, temerosos de la maldad que exudaba su señor, pero su aparente éxito no habría de durar. Detallada de la misma manera en la segunda parte del pasillo, estaba la muerte del faraón. Sethmosis había sido asesinado por designio de sacerdotes de Osiris, quienes compraron a algunos de los asustados miembros de la corte del faraón para que distrajeran a la guardia de este con el fin de que un sicario perpetrase su asesinato. El cuerpo del faraón fue sacado del lugar por sus fieles, su tumba dispuesta tal como él designó y embalsamado según los ritos prohibidos y escritos por el blasfemo Imhotep, evitando mencionar su nombre en los muros para que el espíritu de su líder se mantuviera aquí, en su lugar de descanso, aguardando su advenimiento cuando las fuerzas oscuras volvieran a llamarle. Junto a él se enterraron tesoros y objetos, entre ellos los símbolos de su poder, el cetro y el látigo, así como dos sacerdotes profundamente leales que le servirían también en el más allá. Los trabajadores serían eliminados y el lugar quedó en silencio... y en secreto.


Una nueva sala más allá del pasillo, que servía como antesala a un pasillo estrecho a la izquierda y tres pequeñas escalinatas al fondo, se abría ante los investigadores. Aparte de las pinturas del libro de las puertas que decoraban sus paredes y los techos estrellados, lo que atrajo la atención del grupo fue la presencia de un sarcófago en la pared del fondo, junto a las escalinatas. ¿Sería aquella la prueba de la presencia de los sacerdotes o tan solo un señuelo? Algo que no sabremos hasta la próxima sesión...




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