lunes, 9 de julio de 2012

El Club del Pentagrama contra los hombres serpiente

Después de una semana de descanso, ahora con las vacaciones encontrar huecos es más difícil por eso de que se sale más, el trabajo, el calor y muchas más cosas que no voy a enumerar aquí pero seguro que existen, regresamos una semana más a una nueva sesión de juego. Como ya sabrá todo aquel que siga más o menos este blog, tenemos demasiados frentes abiertos. Por un lado, está la partida de Ánima de Azaneal; por otro, están las de Buntke de Savage Worlds y las dos de Cthulhu; y aparte quedó en el limbo continuar con la campaña de Pathfinder Rise of Runelords. Aunque hay más proyectos en el tintero (probar Cacería de Bichos, algo de Kult, Dragon Age), lo mejor es que vayamos cerrando partidas antes de comenzar otras nuevas porque la memoria es esquiva y aunque quede constancia aquí de lo que ha pasado se pierden los detalles... y ya se dice bien que el diablo está en los detalles.

Imagen procedente de Biblioteca de Pnatokos
La historia procedente del suplemento Mansiones de la Locura, inédito en castellano, nos había dejado ya en cierta plantación, con un anfitrión hostil y sus sicarios y un extraño hombre de color que se hacía llamar Señor Obeah y que afirmaba que su dios había escogido al grupo para detener el ritual que iba a ocurrir allí y que supuestamente realizaba alguien que estaba suplantando a su dios... casi nada. La idea era averiguar cómo infiltrarse, esperar a que se abriera uno de aquellos agujeros del diablo y entrar a través de él para llegar hasta aquella cosa impía, quien no recuerde bien o quiera echar un vistazo tiene el enlace de la pasada sesión aquí.


Los planes comenzaron a surgir con bastante esfuerzo y había de todos los colores: intentar volver al asentamiento de los trabajadores a ver si nos ayudaban, intentar sonsacar al loco hermano de Gis para hacerle creer que estábamos de su lado; emboscar a un grupo y robarles la ropa para hacernos pasar por parte de ellos; escondernos en las cercanías y aguardar... planes y más planes pero ninguno parecía ser el mejor dados los pocos datos y la situación del grupo de pjs en la plantación. Casi toda la sesión, el asunto giró en torno a este punto, decidir qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo... que no es poca cosa teniendo en cuenta que cada uno tenía una idea y ninguna parecía lo suficientemente elaborada como para que todos nos pusiéramos de acuerdo. Finalmente ganó la opción de infiltrarse, emboscando previamente a varios sectarios para conseguir la ropa que llevaran y pasar desapercibidos entre la multitud, pero faltaba saber dónde hacer la emboscada, para eso alguien pensó con buen criterio optar por hablar con alguien que el grupo había conocido un par de sesiones atrás.

El sacerdote estaba de nuevo en la tienda donde le habíamos encontrado la primera vez, al parecer era un lugar donde podía hablar con mucha gente y propagar su fe. Costó convencerle pero al final accedió a proporcionar algo de información útil. Al parecer varios del pueblo profesaban aquella fe desviada y pasarían por el puente de la plantación aquella noche juntos. Sería un buen momento y lugar para echarles el guante, dado que estaban lejos de la casa y sería difícil que pudieran obtener ayuda. El hombre no nos acompañaría, sino que dijo enigmáticamente que iría a ver qué podía hacer él por su cuenta y se marchó. Eso nos dejaba ya solo con la necesidad de comprar algunos artículos para la incursión nocturna e ir a preparar la emboscada junto al camino, el tiempo era justo para dar buena cuenta de todo y quedar en posición para atrapar al grupito.


Tras conseguir tender la emboscada con éxito y dejar a buen recaudo a aquel grupo de adoradores de lo oscuro, todos se vistieron como sectarios y acudieron al lugar donde iba a llevarse a cabo la ceremonia. Allí fueron congregándose más y más sectarios, de forma que todos pudieron deslizarse entre ellos sin desentonar demasiado. La ceremonia dio comienzo y pronto algo vino a perturbar la mente de algunos de los presentes, una figura de un niño pequeño de color que parecía olisquear buscando algo... ¡El chico que casi habían atropellado y que había sido el responsable de traerles hasta la plantación era ahora un zombie! Esto hizo que una de las investigadoras sufriese un ataque de pánico y saliera corriendo, su acción podía haber salido cara si no fuera porque misteriosamente desapareció, indicando al resto con ello dónde se había abierto uno de los agujeros que estaban buscando, permitiéndoles acceder al fin a la madriguera de la criatura que debían intentar destruir.


Más allá un túnel les llevó hasta la madriguera de la bestia, donde la investigadora que había caído a través del portal, estaba a punto de convertirse en su víctima. El asunto se resolvió mediante la tradicional ensalada de tiros, aunque las balas apenas parecían hacer daño a aquella especie de mujer serpiente que se acercaba cada vez más con aviesas intenciones. Además, para colmo, un cúmulo de serpientes blancas surgió de ninguna parte y comenzó a reunirse formando una figura cada vez de mayor tamaño y aspecto humanoide. Un miembro del grupo le disparó, pero solo pareció conseguir que las serpientes le atacaran hasta dejarle inconsciente y lleno de mordeduras. Mientras tanto, el resto seguía disparando sobre la mujer serpiente, hasta que la figura hecha por pequeñas serpientes blancas avanzó y entonces todos vieron que se trataba de un ser de aspecto poco definido cuya figura se alternaba entre una gran serpiente, un hombre serpiente y una figura humanoide... Yig, el dios serpiente, había acudido en persona. La batalla ya habría de resolverse entre ambos.

Imagen procedente de zonafandom.com

Y lo hizo, de forma sorpresiva. Al parecer el dios buscó en primer lugar aparearse con la mujer serpiente, de la que extrajo un huevo de gran tamaño, destruyéndola en el proceso. Después, como "premio" por los servicios prestados, todos cayeron en un profundo sueño en el que el dios les habló concediéndoles la marca de elegidos de Yig, una media luna blanca en el brazo izquierdo, inmunidad a venenos de serpiente comunes y la posibilidad de llamar a las serpientes elegidas de Yig si lo deseaban, un regalo que solo sería efectivo mientras no contravinieran la voluntad del dios serpiente, pero quién sabe si un útil presente de cara a las futuras historias en las que habrían de participar y que les lleva, en unos años, hasta Londres a bordo del Mauritania...

END

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