jueves, 29 de marzo de 2012

Avatar, la saga de la Era de los Trastornos

Al fin, o eso pensé cuando cierto libro cayó en mis manos cerrando así un ciclo de novelas que pensé que a este paso jamás conseguiría conseguir completo. Por suerte, o por decisión editorial, encontré al fin Crisol. El juicio de Cyric el Loco al nada despreciable precio de 7€ en una librería. No pude dejar pasar de largo la oportunidad y cayó en mis manos. Ahora que he terminado de leerlo, he decidido reseñarlo junto a sus predecesores, la supuesta trilogía Avatar que al final resultó ser una pentalogía.

En este caso, pese a ser una saga, Avatar fue escrito por varios autores, dos de ellos usando el mismo pseudónimo, Richard Awlinson. Posteriormente James Lowder se haría cargo de la cuarta parte y para el final regresaría el autor de la tercera entrega, Troy Denning. Los tres primeros libros que conforman Avatar fueron publicados en 1989, el cuarto en 1993 y el último en 1998 en su edición original. Esto explica por qué siempre fue considerado una trilogía, aunque es una pena que cuando fueran publicados en castellano no volvieran a publicarse los libros que componían la trilogía original en el mismo formato, quedando un pastiche de libros en rústica y libros en cartoné, cosa que por desgracia se ha repetido en otras sagas. Siguiendo en cierto modo esa división, trilogía por un lado y las continuaciones por otro, pasaré a comentar esta obra ambientada en Reinos Olvidados. 

Cuidado que la descripción contiene algunos spoilers, aunque creo que todo el que conozca Reinos en la Cuarta Edición, no encontrará nada de lo que asombrarse.


La trilogía original Avatar: Las Tablas del Destino, Tantras, Aguas Profundas; fue publicada en castellano entre 1991-1992 por Timun Mas en formato rústica siguiendo el esquema del resto de novelas publicadas con ambientación en Reinos Olvidados en tonos grises con la portada a color con resaltes y el logo de los Reinos. Aunque apareciera con el pseudónimo uniforme de Richard Awlinson, realmente tanto el primer como el segundo libro fueron escritos por Scott Cienin mientras que el tercero lo sería por Troy Denning. Pese a ello los tres libros mantienen la misma coherencia argumental que si hubieran sido escritos por la misma mano sin que aparentemente se aprecien claros signos del cambio de uno a otro.


Avatar sumerge al lector en los hechos que dieron lugar a la Era de los Trastornos. Todo comienza con el robo de las Tablas del Destino y la ira de lord Ao, el dios Demiurgo (por la definición es la impresión que da), al descubrirlo. Será por ello, ante la imposibilidad de descubrir quién cometió el delito, que castigue a los dioses del panteón a caminar como mortales en Faerûn para que pudieran ver por sí mismos también la realidad de sus fieles y sus cultos, a los que los dioses han dejado un tanto de lado inmersos como se encontraban en sus propias luchas internas. Helm, el dios Guardián, sería el único en conservar su divinidad y se le ordenó guardar las entradas al plano de los dioses para evitar que éstos pudieran intentar regresar antes de que las tablas fueran encontradas. Por otro lado un dispar grupo de cuatro personas se ve envuelto en estos hechos cuando una maga llamada Medianoche descubre en su posesión un extraño medallón azulino. Para desentrañar éste y otros misterios como el caos en el que parece sumida la magia, el grupo se dirige a contactar con uno de los mayore sabios de Faerûn: Elminster del Valle de las Sombras.


La historia continúa en Tantras, cuando son acusados de la muerte de Elminster y se ven forzados a huir para buscar la primera de las Tablas del Destino, cuya ubicación ya conocen. Aquí comienzan a tratarse más las historias personales de los cuatro miembros del equipo: la misteriosa Medianoche, conectada de alguna forma con la desaparecida Mystra; el taciturno Kelemvor, de pasado marcado por una maldición familiar; Cyric, el taimado hombre hecho a sí mismo; Adon, el devoto de Sune que sufre una crisis de fe al sentirse apartado de su deidad. El final del libro trae consigo la fantástica batalla del avatar de Torm con el de Bane, tal vez el episodio más interesante que hay en toda la novela, y sus consecuencias. 


La trilogía llega a su fin con Aguas Profundas. La primera parte del libro relata el viaje hasta la ciudad con todas sus penalidades. En ella esperan encontrar la segunda tabla, aunque no cuentan con que Bhaal y Myrkul, los dioses del asesinato y la muerte, no van a ponérselo precisamente fácil. Cyric se verá consumido por su sed de poder e intentará acabar con cualquier obstáculo entre él mismo y las Tablas, que planea entregar a lord Ao para conseguir hacer realidad su mayor deseo. La lucha llevará a Medianoche, Kelemvor y un desfigurado Adon hasta un encuentro con Elminster y Khelben y una ratonera donde se enfrentarán finalmente a Myrkul. Cyric robará las Tablas tras asesinar a Kelemvor e irá hacia la Escalera Celeste... donde las cosas no saldrán tal como las había previsto. Lord Ao limita los poderes de los dioses al número de sus seguidores, por lo que los dioses tendrán que cuidarles para asegurarse no perder poder. Por otro lado, Cyric es "premiado" por lord Ao convirtiéndose en dios de la Disensión, la Muerte y el Odio. Medianoche, por haber sido portadora del poder de Mystra mediante el amuleto en torno a su cuello, será llamada a ocupar el lugar de la señora de la Magia y de los Misterios en el panteón divino. Todo vuelve a estar en orden... ¿o no?



El Príncipe de las Mentiras, publicado cuatro años después de salir en lengua inglesa, vino a continuar con el periplo de los antiguos amigos ahora en el mundo divino y de la mano de una nueva pluma, la de James Lowder. Cyric, en su propósito de ser elevado por encima incluso del propio lord Ao, urde un astuto plan. Bajo sus auspicios, un mortal escribirá un libro que cuente la "verdadera vida" del propio dios cuando era mortal, el Cyrinishad, un libro que haría que cualquiera que le escuchara acabara por adorarle con todas sus fuerzas y así atraer a todos los mortales hacia su culto, dejando a los demás dioses sin poderes. Al descubrir sus planes, Mystra se pondrá a la cabeza de un plan para desbaratar sus planes antes de que se lleven a cabo. Con ayuda de Oghma crearán un libro opuesto al del Príncipe de las Mentiras mientras Kelemvor intenta sobrevivir en los terrenos de un dios de la Muerte que fue su verdugo antaño. Mientras Zhentil Keep, sede del poder del culto de Cyric es sorprendida por la lectura de la verdadera vida de su dios en lugar del buscado Cyrinishad y destruida por la verdad y los monstruos que llegan a sus puertas. El Cyrinishad, al no poder ser eliminado, es ocultado por Oghma de una forma muy inteligente, haciéndolo indetectable para los dioses y enviándolo donde nadie, ni tan siquiera él mismo, lo sepa. La lucha se traslada al mundo de los muertos, donde Kelemvor al fin lleva a cabo su venganza hiriendo profundamente a su antiguo asesino y siéndole otorgado el título de divinidad y Señor de la Muerte.



Sí, todo parecía de nuevo decidido pero todavía al parecer quedaba algo más por añadir. El punto y final a esta saga lo pone Troy Denning con El Crisol. El Juicio de Cyric el Loco publicado en 2007, nueve años después que su homónimo en lengua inglesa. En él se retoma el destino de Cyric y su libro maldito. Los dioses están notando que no todo marcha bien en el mundo mortal y el objeto de sus críticas es la actitud del dios de la Discordia Cyric, quien aparentemente no cumple sus funciones en el mundo. Siendo llevado a juicio, el astuto dios consigue hacer que se ponga en duda también a sus eternos enemigos, Mystra y Kelemvor, acusándoles de no cumplir tampoco con su deber como dioses, sino más bien viendo todo desde un punto de vista mortal olvidándose de su nueva condición. Mientras el dios loco manda a su enviado a conseguir su libro, que piensa leer ante la asamblea de dioses para someterlos de una vez a su voluntad, sus dos antagonistas deberán realizar una profunda introspección y buscar la verdad de las palabras de su antaño enemigo. ¿Realmente han entendido en qué consiste ser un dios? ¿Deben mantener las emociones y sus principios como mortales para intentar hacer de Faerûn un "lugar mejor"? La respuesta a estas preguntas forman parte del curioso final de esta última novela de la saga Avatar, aunque no diriman por completo la lucha entre los dioses, que parece que seguirá adelante de forma indefinida hasta el fin de los tiempos.


Se trata, en resumen, de una pentalogía donde se notan las manos de los distintos autores, cuando la termina y la ves en perspectiva. Del complicado arranque de los tres primeros libros y la lentitud con la que se desarrolla la trama, llena de altibajos y en algunos momentos insultantemente aburrida, se pasa a dos libros de ritmo más alto y de trama más entretenida para el lector. La evolución de los personajes es algo tópica y típica de los libros de fantasía épica, mostrando el espectro de personalidades prototípico de estas sagas (el malvado indómito y sin escrúpulos, los buenos nobles y algo estúpidos, etc. destacando en los últimos libros la personalidad de Gwydion el Veloz y Malik en las últimas novelas. Sin duda lo peor de estas obras es su traducción, ya que aunque el estilo no sea demasiado brillante se ve completamente roto por la mala manera en que los términos y nombres han sido tratados de cara al lector en castellano. Algunas veces se echa en falta la no traducción de los nombres o los apodos que ya se llevaba a cabo en otras obras como la Dragonlance con Riverwind y Goldmoon, o al menos mantener una constante lógica y no hacer traducciones como la de Khelben "Báculo Oscuro", o a los Arpistas como "Arperos", algo que a estas alturas se puede pensar que ya se ha superado. Una lectura para amantes del género, de trama muy interesante pero no demasiado bien tratada y ampliamente superada en todos los aspectos por los nuevos autores de fantasía del momento como Martin, Rothfuss o Sanderson.

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