lunes, 21 de noviembre de 2011

El Prisionero del Cielo, el regreso al Cementerio de los Libros Olvidados

Como ya anunciaba en mi última reseña, el pasado día 17 de noviembre se puso a la venta el nuevo libro de Carlos Ruiz Zafón, tercero de la tetralogía que tiene como eje el Cementerio de los Libros Olvidados. Dejando a un lado la disminución visible del número de páginas que compone esta novela, hay otros cambios apreciables que distinguen a esta tercera entrega de sus dos predecesoras, unas novedades que nos dirigen sin altibajos hacia un final ya no tan lejano de la saga en la forma de un futuro cuarto libro donde todo quedará al fin revelado y resuelto. Aun así, vayamos por partes.


El Prisionero del Cielo continúa aproximadamente en el punto donde nos dejara La Sombra del Viento. Tras los sucesos ocurridos en torno a la extraordinaria obra de Julian Cárax, Daniel Sempere regresa a su vida rutinaria ayudando a su padre en la librería que éste regenta y se casa con la mujer a la que ha llegado a amar y que ha sido su apoyo durante estos trágicos acontecimientos: Bea.

Será la llegada de un extraño comprador lo que dará comienzo realmente a la historia en sí, una visita que acabará por reunir en un aparte a Fermín Romero de Torres y al propio Daniel, al que hace partícipe de una revelación que puede cambiar su vida. En este punto además, Fermín está a punto de contraer matrimonio con la paciente Bernarda, quien también nota que su prometido se muestra bastante más esquivo que de costumbre pues no imagina nada acerca de los problemas de identidad del hombre con el que va a unirse. También se descubre la identidad de este prisionero del cielo que da nombre a la historia, una figura misteriosa de pasado incierto cuya sombra planea como un fantasma alrededor de los protagonistas y que hará entrega de su propio legado durante una nueva visita al Cementerio de los Libros Olvidados. Este legado, maldito o no, transporta al final de la obra manteniendo gran cantidad de interrogantes sobre su contenido o la trascendencia que va a tener en el capítulo final de la saga.

Hablar de Zafón es hablar de la Barcelona mágica, donde la niebla y la lluvia crean un marco adecuado para situar sus mansiones encantadas, el ominoso castillo de Montjuic y a los personajes que intentan sobrevivir en un país dominado por el terror. Esta atmósfera se mantiene fiel a su cita durante el tercer libro así como la escritura fluida y poética a la que tiene acostumbrado al lector. Sin embargo si en las dos anteriores obras el pulso se mantiene constante y tranquilo, en ésta abandona un poco su estilo en favor de otro más aventurero y directo, casi impaciente por ir desgranando acontecimientos y no tan preocupado por la forma en que lo hace, con lo que pierde respecto a sus dos predecesoras. Respecto a los personajes, resaltar el protagonismo en esta parte de la historia del secundario de su primera novela, Fermín Romero de Torres, bien merecido por otra parte al ser posiblemente el más carismático de todos cuanto se nos han presentado y que añade un contrapunto amable y luminoso a una historia desgarradora y oscura. 

Tal vez lo que más decepcionante pueda resultar es que el fin del libro no implica el cierre de la historia que se ha abierto en él. En sus anteriores entregas Zafón nos regalaba una historia con principio y final, capaz de ser leída por separado pues podía entenderse sin necesidad de las otras, autónoma y a la vez ligada con un vínculo al resto merced a la presencia del Cementerio de los Libros Olvidados. El Prisionero del Cielo sin embargo no termina en la última página sino que queda coja, a la espera de su continuación lógica. Eso añadido al menor número de páginas hace que el lector pueda sentirse frustrado, ¿por qué entonces tetralogía cuando en un solo libro se podría dar un correcto cierre a esta saga? A todas luces habría de ser lo más lógico y más respetuoso con el lector, que podría ver el final de la trama y quedaría a la espera de una nueva entrega con otro ánimo más abierto; una sensación que se ve truncada en este libro y que parece más por vocación de vender que otra cosa, desluciendo la que sin duda prometía ser una de las novelas más interesantes de este presente año.

En resumen, una nueva historia llena de la magia que Zafón sabe imprimir a sus novelas pero cubierta con ese regusto amargo de quien se sabe traicionado por dejarle a medias. Imprescindible para los amantes de la saga pero un borrón para un autor que tan buenos ratos nos ha hecho pasar hasta ahora. Espero que su próxima novela sea capaz de trascender y coloque de nuevo a esta tetralogía en el lugar que le corresponde al mismo nivel que comenzó con La Sombra del Viento.

2 comentarios:

  1. Me quedé con la misma sensación después de haber leído El Prisionero del Cielo, aunque más allá de eso, estas novelas me devolvieron la costumbre casi olvidada de leer en cada momento libre del día. Ruiz Zafón volvió a despertar en mi la pasión por la literatura en español. ¿Hay novedades sobre el nombre que llevará el cuarto libro y de cuándo se va a publicar?

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  2. Todavía no, ya sabes que tarda unos tres años más o menos entre libro y libro. En cualquier caso estoy siempre pendiente de todo lo relacionado con sus libros pues también soy gran fan suya. Me alegra que sus libros hagan que desees ponerte a leer cada vez que tengas un momento libre del día, estoy segura de que al autor también se sentiría muy satisfecho :) Para mí también es un autor imprescindible, sin duda.

    Gracias por comentar.

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