domingo, 3 de julio de 2011

El Ángel Perdido, de Javier Sierra

Al fin cayó en mis manos un libro que hace tiempo que tenía interés en leer y es la última obra de Javier Sierra, a quien ya conocía por sus aportaciones y comentarios realizados como colaborador de Milenio 3, el programa de Iker Jiménez en la Cadena Ser. Es la segunda novela suya que leo tras Las Puertas Templarias, que encontré a un precio muy accesible en un puesto de libros de la estación de autobuses y que adquirí sin pensármelo siquiera. 

Javier Sierra nació en agosto de 1971 en Teruel. Estudió periodismo en la Complutense de Madrid y ha colaborado en la revista Más Allá para posteriormente comenzar a viajar y a intentar desentrañar enigmas que la Historia ha ido dejando en diferentes partes del Mundo. Ha participado y participa en algunos programas de televisión combinando esta faceta con su oficio de escritor y ha escrito varios libros que han sido traducidos a diferentes lenguas. Ha escrito varias obras que le han llevado a ser reconocido más allá de las fronteras del país tales como La Cena Secreta o La Dama Azul, obras centradas en misterios históricos de diversa época e índole.

El Ángel Perdido está ambientado en una época actual. Realmente la sinopsis que se presenta al final del mismo no le hace justicia y no es hasta que se abre y se adentra uno con más profundidad que comienza a ver las bondades de esta novela. Centrada en el misterio de unas piedras especiales y su relación con Dios, las maquinaciones de una serie de personas arrastrarán a Julia, una restauradora con dotes de médium a un viaje en busca de algo más que su marido raptado en la zona del Ararat por un grupo terrorista. Varios grupos están interesados en esas piedras cada uno por sus propias razones e intentarán hacer ver a Julia que su causa es justa, la más importante y la mejor para el destino de todo el planeta. Finalmente será ella quien tenga que decidir hacia qué lado se inclinará la balanza en esta lucha de poderes por conseguir un don que podría llegar a permitir hablar con el propio Dios.

El libro está publicado en tapa dura con sobrecubierta y estructurado en capítulos cortos a la usanza de obras tan conocidas de índole similar como las de Dan Brown lo cual hace más rápida su lectura pese a la cantidad de páginas. Podría pasar sin pena ni gloria por ser una obra más de la hornada de novelas pseudohistóricas que tratan y explotan misterios religiosos o históricos de no ser por algo que la convierte en un caso poco frecuente: su sencillez. Javier Sierra no es grandilocuente, no pretende cegar a lector con grandes cargas de retórica o de sensacionalismo o morbo sino que se limita a narrar una historia y punto, además de una historia con mucha coherencia interna en la que se aprecia casi sin esfuerzo la gran labor desempeñada en su documentación y redacción previa. No presenta ningún tipo de fisura en todo el libro manteniendo un ritmo constante salvo determinados momentos de mayor relevancia hasta llevar casi in crescendo hasta el momento final. Tal vez sea el epílogo lo que flojee un poco por la brusca caída de la tensión en las páginas en que se dirime la trama y sus consecuencias pero es una falta menor y poco censurable en un libro con muchas virtudes.

En resumen, no aporta nada al género de la literatura de intriga como tal pero su forma de escribir tan detallada y documentada hace que sea una obra agradable de leer y que incluso permite pensar en que tal vez, y solo tal vez, haya algo de verdad en el fondo de todo esto. No en vano se dice que todas las leyendas ocultan un trasfondo de realidad.

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