jueves, 2 de junio de 2011

Las Rosas de Piedra, de Julio Llamazares

En esta ocasión voy a cambiar radicalmente de línea de literatura. Hasta ahora he tocado bastantes cosas sobre rol, algo de género fantástico y policíaco y algunas publicaciones recientes dirigidas al gran público en general, pero como no solo de pan vive el hombre, he desenterrado esta obra del 2008 de mi pila de lectura habitual para terminarla y dar cuenta de ella en esta reseña.

Las Rosas de Piedra me entró por el ojo por su portada en la que se ve al escritor sentado con el fondo de una entrada a una catedral y yo, como gran amante del arte gótico que soy, no pude resistir a la tentación de comprarlo aunque no sea asidua de las novelas de viajes, que es el género en que se enmarca concretamente esta novela.

Julio Llamazares nació en Vegamián (León) en 1955, marchando tras la destrucción de este pueblo a Olleros de Sabero con su familia. Su vida en ambos lugares sería algo que marcaría su vida y también su obra. Licenciado en Derecho, este leonés pasó a vivir a Madrid donde se dedica al periodismo ya sea escrito o de radiodifusión. A la vez que escribe artículos y ensayos el tercer tipo de género al que dedica su obra es la llamada literatura de viajes del cual esta obra, Las Rosas de Piedra, es su obra más reciente.

Entrando ya en nuestro libro concreto, nos encontramos con un ambicioso proyecto del autor que pretende no quede tan solo en esta obra, sino que se prolongue en al menos una segunda en la que pueda hablar de los lugares que no ha podido visitar e incluir en esta primera parte. El objetivo principal del autor es visitar estos grandes monumentos tan fascinantes para la mayoría de las personas ya sea por su naturaleza artística o de otro tipo y pasar un día completo en cada una, viviendo y sintiendo, para después plasmar sus experiencias en este libro y con ello dar a conocer estos magnos edificios que se reparten por toda la geografía española con mejor o peor suerte según la ciudad en la que estén.

Concretamente en este primer libro el autor se desplaza por el norte cubriendo la zona de Galicia, Castilla León, Cantabria, País Vasco, Asturias, Aragón, Navarra, La Rioja y Cataluña. Deja para una siguiente entrega el resto de catedrales, no por desmerecer de sus homónimas del norte sino por hacer algún tipo de división lógica entre un libro y otro, nada que deba hacer pensar algo que no es a los lectores que se acerquen a su libro. Dentro del libro está estructurado en partes, cada una corresponde a un viaje, que recorre una región completa y esto se subdivide a su vez en capítulos dedicados cada cual a una ciudad y su catedral, una ciudad que no tiene por qué corresponder con una capital sino con una sede catedralicia y veremos ejemplos como Astorga y Osma que por su importancia histórica pese a no ser grandes ciudades siguen manteniendo su importancia en el aspecto religioso heredado de tiempos anteriores de mayor auge.

En cada capítulo se nos describe la llegada y el camino hasta la catedral, la toma de contacto con el edificio y una posterior segunda visita a lo largo del mismo día donde el autor ya examina con más profundidad la catedral que visita en ese momento. En ocasiones ayudado por algún guía o alguna amable persona con deseos de ayudar y en otras con un libro, da una visión general de los elementos arquitectónicos y monumentos artísticos presentes en cada una de las sedes así como detalles más anecdóticos como sus vivencias personales en cada sitio (en algunos realmente es lamentable la forma en que le tratan mientras que en otros se toman gran interés por los visitantes) e incluso se aprecia en parte la visión que tienen los locales de su catedral concreta en forma de afluencia de visitantes, número de misas o de eclesiásticos a cargo.

La obra es bastante densa, pudiendo llegar a cansar a cualquiera que no sea un apasionado del arte gótico, e incluso así pesa leerla de una sola vez siendo aconsejable leerla despacio  y si es posible con alguna imagen del edificio en cuestión delante pues en ocasiones cuesta hacerse una idea de cómo es el lugar que está describiendo y se pueden perder detalles de lo que narra en cada capítulo. La escritura es amena como es de esperar en alguien que se dedica al periodismo, bastante centrada en relatar los hechos en sí sin demasiadas florituras ni adornos sino yendo a lo que quiere decir sin más ambages. Acompaña en algunos casos con alguna ilustración, pero bajo mi punto de vista bien podría habérselas ahorrado ya que normalmente no casa demasiado con el texto junto al que está y recuerda más una fotografía de recuerdo de un turista que un intento por mostrar al lector algún detalle concreto de interés. 

Yo por mi parte llevo un par de años leyéndola, a trozos, y me parece interesante siempre que sea en pequeñas dosis pues te revela detalles y curiosidades de lugares que no todos tenemos ocasión de visitar. También anima a la gente a verlas con sus propios ojos y sacar sus propias conclusiones. ¿Realmente esta catedral es tan oscura como dice el autor? ¿Habrán restaurado ya esta otra que parece que están casi volviendo a rehacer de la nada? Este tipo de dudas y otras más despiertan la curiosidad del lector por los edificios que son las catedrales, una parte muy importante de nuestro patrimonio monumental y que posiblemente por ser tan cercanas a nosotros nunca se nos ha ocurrido mirar más que de pasada sin ser conscientes de cuántas maravillas esconden en su interior, en sus capillas cerradas por verjas de hierro, inscripciones en tumbas y paredes, relicarios de antiguos santos, etc.

En resumen un libro para los interesados en el arte gótico y concretamente en las catedrales, esos edificios que algunas veces parecen más forjados por un orfebre que tallados por canteros y artistas. De ritmo lento y algo cansino, interesante leerlo despacio e intercalando con otro tipo de lecturas para los menos acostumbrados a este tipo de obras pero lleno de curiosidades que alguien con interés puede llegar a apreciar.

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